Vagabundos en Guantánamo / Imagen referencialVagabundos en Guantánamo / Imagen referencial
Vagabundos en Guantánamo / Imagen referencial

¿Dignidad humana? Cada vez más vagabundos en Guantánamo

Feb 6, 2017

Aunque la prensa oficial pretenda ocultarla, hay una realidad que en las calles cubanas se hace sentir y genera malestar en sus habitantes. El número de vagabundos en Guantánamo se incrementa y parecen no haber acciones para paliar la miseria.

“Cada vez son más y en Gobierno trata de ocultar su existencia”, dice una joven ama de casa, entrevistada por Diario de Cuba.  

Protestan que con nombres sutiles, intente ocultarse una realidad desgarradora. “Hasta los llaman de una forma delicada, personas deambulantes. No sé a quién quieren engañar”, comenta mientras espera para entrar a la pizzería La Veneciana.

Los ‘sin techo’ de Guantánamo pernotan en las calles por no tener familia a quien acudir o en medio del alcoholismo que ha consumido sus vidas.

“Mi mamá tiene un rancho que posiblemente esté en peores condiciones que esto donde me refugio ahora”, dice Joel Samillón, quien cree que pasará el resto de su vida como indigente.

“Con ella vive un hermano mío que está casado y, como a mí no me gusta molestar, me tiré para la calle con una mochila, a luchar”, añade.

“Lavo mi ropa en el río y de paso me baño. Llevo casi dos años durmiendo donde me coja la noche, aunque generalmente lo hago frente a la estación de bomberos que está en el centro de la ciudad”, indica.

Otro desamparado consultado por DDC, Benigno García Cobas comenta su experiencia. “Duermo en los corredores de la ciudad en busca de abrigo y subsistencia. Me la paso recogiendo vasitos, laticas de cerveza o refresco, una botella. Así me busco mi dinerito para comer”

Los vagabundos tienen “casi nula capacidad de acceder a los recursos básicos para satisfacer sus necesidades elementales como la subsistencia, protección, afecto, participación, ocio“, advierte una psicóloga bajo condición de mantener el anonimato.

“Estas personas no ejercen sus derechos como seres humanos ni como ciudadanos y son víctimas de exclusión social, al no poder insertarse en una serie de procesos (trabajo, salud, familia, educación, ingresos, entre otros) que les permitirían mejorar su calidad de vida”, agrega.

El alcohol: un refugio

Odalis Urgellés se protege en las calles y en el alcohol desde la muerte de su pequeño hijo. Vende lo poco que le queda para sobrevivir. “A veces tengo que vender una ropa de las que aún conservo para poder alimentarme”, dice esta mujer que asegura haber sido psicóloga.

“Hace aproximadamente 19 años que vivo rodando en la calle y hay días que no almuerzo, como por ejemplo hoy”, afirma un hombre de 70 años de edad.

Redacción Cubanos por el Mundo / Con información de Diario de Cuba

María Fernanda Muñóz

Periodista venezolana. ¿La mejor arma? Humanidad. Pasión se escribe con P de periodismo

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