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Por este discurso prohibieron la entrada a Cuba a demócrata chilena

Mariana Aylwin / Wikimedia

A la demócrata chillena, Mariana Aylwin le fue prohibida la entrada a Cuba así como a otros representantes políticos latinoamericanos como Felipe Calderón cuando pretendían abordar con destino La Habana para participar en la entrega de los Premios Payá en homenaje al fallecido opositor cubano Oswaldo Payá. 

Aunque Aylwin quien recibiría el premio póstumo a su padre no pudo viajar por la prohibición del régimen, misma que Chile consideró un agravio para el país y se pronunció a través de un comunicado para rechazar la decisión, envió su discurso para que sea leído en la ceremonia que ha estado marcada por el carácter represivo que ha definido durante décadas al castrocomunismo.

En su discurso agradece el reconocimiento para su padre, Patricio Aylwin a quien define como un líder luchador por la democracia y la paz del continente, que logró triunfar en medio de una dictadura militar.

A continuación las sentidas lineas:

Vengo a dar gracias en representación de nuestra familia, por este homenaje póstumo a Patricio Aylwin como un líder que luchó por la democracia y la paz.

Más nos reconforta que sea una agrupación de jóvenes quienes le reconozcan, la Red de Jóvenes por la Democracia en América Latina. En mi país, que vivió una dictadura militar durante 17 años, un porcentaje importante de jóvenes no sabe lo que es vivir en dictadura y ven con desapego lo difícil que puede ser jugarse por valores fundamentales como la libertad, la justicia, la dignidad humana cuando hay un régimen que prefiere la represión sobre la libre expresión de ideas, opta por la fuerza en vez de la razón y el diálogo, cuando la legitimidad se sustenta en el temor a la libertad.

Ningún concepto es mejor para definir la vida de mi padre que la de un demócrata. Era un hombre de derecho, respetaba las diferencias, era dialogante, tenía firmeza y coraje para defender sus convicciones, pero nunca se sintió el único dueño de la verdad y supo conciliar muy bien los sueños e ideales de justicia, con una capacidad de actuar sobre la base de la realidad.

Por eso, en Chile, como lo pretendió Oswaldo Payá, cuando muchos creían que la dictadura de Pinochet sería derrotada por la movilización social, cuando muchos también sostenían la lucha armada, cuando ambas estrategias chocaban con la realidad de un gobierno basado en la fuerza, Patricio Aylwin propuso derrotar al régimen con sus propias armas. Aprovechar la Constitución ilegítima de Pinochet de 1980, para usar el sistema que pretendía perpetuarlo en el poder. Significaba inscribir los partidos políticos que estaban proscritos, bajo su ley. Lograr inscribir en el registro electoral a más de 7 millones de chilenos y aceptar participar en un plebiscito hecho a la medida del régimen militar.

Para asumir ese desafío, la oposición democrática debió dejar atrás sus antiguas divisiones y unirse en un proyecto común. Era la pelea de David contra Goliat, pero finalmente lo logramos. En 1988 el pueblo chileno dijo NO a la continuidad de la dictadura, con un lápiz y un papel. Debió pasar un año para que hubiera elecciones libres de Presidente de la República y se restaurara el Congreso Nacional que estuvo suspendido entre 1973 y 1990.

Mi padre asumió como Presidente de la República en 1990 con una coalición llamada Concertación por la Democracia, que, restituyendo gradualmente la institucionalidad y la convivencia democrática y, sobre todo, reconciliando a un país profundamente dividido, concitó el apoyo mayoritario de los chilenos a un proyecto que buscaba restablecer el imperio de los derechos humanos, dar gobernabilidad sustentada en el Estado de Derecho e impulsar un crecimiento económico con equidad social. La Concertación gobernó 20 años.

Hay mucha similitud entre el Proyecto Varela y la estrategia que seguimos en Chile. En 1998, el Movimiento Cristiano de Liberación, encabezado por Oswaldo, usando la Constitución de la República Cubana (que garantiza a los ciudadanos el derecho a proponer cambios en el orden jurídico y también ofrece los procedimientos para que, mediante la consulta popular, el pueblo decida soberana y democráticamente sobre la realización de los cambios y el contenido de los mismos), inició un movimiento cívico pacífico para juntar firmas que permitieran hacer cambios graduales tendientes a “nuevas y mejores condiciones de derecho”.

Tuve la oportunidad de venir a Cuba como ministra de Educación con una delegación a conocer del sistema educacional cubano. También recibí al ministro de Educación en Chile. Eso fue el año 2002. Coincidió mi visita con la del Presidente Carter. Se respiraba un aire esperanzador. El Proyecto Varela había logrado hacer unir a la oposición democrática cubana en Todos Unidos y presentaron 11 mil firmas ante la Asamblea Nacional. Sin embargo, el año 2003, el régimen cubano endureció su posición culminando con la encarcelación de más de 40 líderes democráticos y condenas vejatorias de entre 12 y 28 años.

En ese tiempo, mi padre integró el Comité Internacional por la Democracia en Cuba convocado por el Presidente checo Vaclav Havel. Él participó en el Encuentro de Praga junto a otros líderes democráticos, socialdemócratas, demócratas cristianos, liberales y conservadores de América Latina, Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea, dirigentes políticos, académicos, sociales, culturales. Fue un diálogo de varios días en septiembre de 2004. Tengo en mi mano la Declaración que dice:

“Es indignante e inaceptable que las personas sigan siendo encarceladas en Cuba por sus ideas y actividad política pacífica. Sabemos que la mayoría de los cubanos desea un cambio no violento para establecer la democracia y la libertad en su país… no solo la oposición política, sino el ciudadano común paralizado por el miedo a la represión”.

Este comité se comprometió a un trabajo de largo plazo en un esfuerzo internacional concertado para ayudar a Cuba a convertirse en un miembro íntegro de la comunidad democrática mundial.

Vaclav Havel ya no está; Oswaldo Payá ya no está; mi padre ya no está. Pero tanto, dentro como fuera de Cuba, esa semilla ha dado frutos, más lentos de lo que quisiéramos. Aquí estamos Rosa María y yo, que hemos tomado la posta de nuestros padres. Están los amigos de la República Checa comprometidos con la causa del admirable Vaclav Havel. Está el Secretario General de la OEA, don Luis Almagro, que ha dado un testimonio valiente en la Región; están ex Presidentes como Felipe Calderón de México y su testimonio moral, y sobre todo están ustedes, los cubanos, los jóvenes cubanos, que no han conocido la democracia y que anhelan contribuir a la construcción de su país, en libertad, en paz y con justicia.

Chile recibió con creces la solidaridad de los demócratas del mundo. Nosotros sabemos lo que es sentirse acompañados en una lucha tan difícil. “Los jóvenes les damos la pelea a las carencias”, dice Rosa María en una sencilla autobiografía. Ustedes nos están dando un ejemplo de valor, nos convocan a sentirnos parte de la humanidad carenciada. Mi padre habría estado orgulloso de estar en este acto, en una Cuba que no conoció pero sintió profundamente hermana, y de verlos a ustedes comprometidos con los valores esenciales para la vida en común, los mismos que defendió durante su larga vida. Muchas gracias por este significativo homenaje póstumo. Viva Cuba libre, cuenten con nosotros.

Redacción Cubanos por el Mundo / Con información de Economía y Negocios

 

Written by María Fernanda Muñóz

Periodista venezolana. ¿La mejor arma? Humanidad. Pasión se escribe con P de periodismo

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