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Tarde pero seguro: Beatlemanía supera la censura y se queda en Cuba (+VIDEO)

Beatles / Captura de pantalla
Beatles / Captura de pantalla


Lo prohibido no solo fue tentador sino que también regresa. La fiebre por los Beatles, euforia desatada en el mundo entre los 60 y los 70, regresa a Cuba y se vive en un club nocturno en el país prohibido para el furor musical

En el Submarino Amarillo, ubicada en El Vedado de La Habana, se reúnen melenudos canosos, veteranas en minifalda y botines negros y panzones con camisetas del cuarteto inglés para disfrutar de la música grabada o en vivo en lo que pareciera ser una fiesta retro, que como la buena música, se repite una y otra vez.

En tarima, Eddy Escobar, considerado el mejor intérprete cubano de la música del legendario grupo se presenta para entretener a quienes asisten al Submarino Amarillo, local lleno de carteles y carátulas de discos de The Beatles. No se trata de solo vivir el recuerdo, sino recuperar el tiempo perdido.

“No es la nostalgia, sino el derecho a vivir lo que no pudieron vivir por todas esas contradicciones (políticas) que hubo”,  dice el periodista Guillermo “Guille” Vilar a la AFP.

En la entrevista realizada por la AFP a Villar, director artístico del Submarino Amarillo confesó como fue uno de los organizadores de un concierto en 1990 por el décimo aniversario de la muerte de John Lengón, en un céntrico parque de La Habana, cuando todavía el Estado no propiciaba lo que antes censuraba.

Como el ya famoso bar, hoy funcionan al menos otros cinco en la isla, todos estatales. Incluso uno de ellos, el de Holguín, fue iniciativa de Miguel Díaz-Canel (56), dirigente del Partido Comunista y posible sucesor de Raúl Castro.

El gusto por el rock también ha mantenido unidos a Gisela Moreno (64) y Héctor Ruiz (65) novios desde tiempos de la fiebre de The Beatles pero viviendo en la nacida Cuba revolucionaria y socialista que censuraba en los medios la música en inglés por ser el idioma del acérrimo enemigo: Estados Unidos.

En ese tiempo, tener intereses por la cultura anglosajona merecía inclusive ser tildado de “diversionismo ideológico” y enfrentar la censura social. Por ello la pareja dejó a un lado la música en inglés y en las secundarias básicas donde estudiaban, les exigían pantalones anchos en vez de los ajustados de moda, y no se aceptaban ni las melenas ni las minifaldas.

Sin embargo no se rindieron. Lograban escuchar emisoras estadounidenses en radios de onda corta y escuchaban a la banda inglesa.

En fiestas privadas, “tú la ponías en un tocadiscos de aquella época y aquello se oía el ruido y por atrás se oía la música, era un desastre, pero bueno, ahí estaban los Beatles”, recuerda Ruiz, quien además confiesa que cuando pueden van al Submarino Amarillo a recordar la afición que les fue quitada en su momento.

Estatua de John Lennon en La Habana
Estatua de John Lennon en La Habana

Fue para el año 2000 cuando Fidel Castro develó una estatua en honor a John Lennon y esto para Gisela Moreno era inconcebible.

Ver a Castro junto a la estatua “Nunca nos pasó por la mente…nos parecía una cuestión de ciencia ficción”, dice Moreno al recordar el acto.

Fue Abel Prieto, un ministro melenudo quien gestó aquella reconciliación entre la revolución y The Beatles. “Lamento mucho no haberte conocido antes”, se le escuchó decir a Castro en el acto, transmitido por la televisión.

El Lennon de bronce, del escultor José Villa, logró convertirse en una parada obligatoria de propios y extranjeros, estatua envuelta de misterio y a la que en tres ocasiones le han robado las gafas de metal, por lo que ahora permanece custodiada.

Pero si algo está claro es que “Los Beatles llegaron para quedarse y a todo el que pueda yo lo inoculo”, afirmó Escobar.

Redacción Cubanos por el Mundo / Con información de AFP

Written by John Márquez

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