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Perseguidas y amadas, así son las salas de billar en Cuba

Jóvenes jugando al billar en Cuba
Jóvenes jugando al billar en Cuba / Foto: CubaNet
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En la Cuba comunista muchas cosas están prohibidas y las populares salas de billar no se escapan de la represión y el impedimento del régimen.

Ocultas en las casas, las mesas de este particular deporte son escenario de risas, insultos, peleas y encuentros, donde todo el mundo termina pasándola bien.

Sin embargo, las leyes cubanas no permiten su desempeño legal, por lo que los dueños de estas mesas deben ofertarla de forma clandestina para evitar multas e incluso confiscaciones.

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Para los cubanos más maduros, el billar es un juego que los aparta de los problemas que se vive en la isla comunista. El portal CubaNet, recogió los testimonios de algunos dueños de salas de billar, quienes aseguraron que anteriormente este negocio era legal, pero un tiempo después el Estado cubano cambió de parecer.

Recientemente, y a raíz de la arremetida oficial contra el sector privado, han sido víctimas de acoso por parte de las autoridades.

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Rodrigo, propietario de una mesa, comenta que un día los inspectores intentaron decomisar su mesa, pero los vecinos se abalanzaron sobre ellos.

“Lo que pasé fue del carajo. Los inspectores ‘se me tiraron’ un día y querían decomisarme la mesa. Gracias a que los vecinos me apoyaron pude mantenerla. Dijimos que solo se utilizaba para jugar entre los muchachos del barrio y algunos amigos míos”.

La excusa del régimen para prohibir y decomisar las propiedades es que se hacen apuestas, que está prohibido en Cuba, pero según los dueños esto es algo que se da entre jugadores y ellos no intervienen en ningún momento.

Julio, dueño de una mesa en el Cerro, dice que es cierto que la gente apuesta, pero el no cobra ningún tipo de comisión de esa apuesta, sólo el tiempo en la mesa.

 “Mira, es verdad que la gente apuesta entre sí. Pero aquí, fuera del alquiler no se cobra nada. No es como que uno gestione las apuestas y eso es lo que dicen los inspectores. Dan a entender que tienes una casa de apuestas y que nos hacemos millonarios a costa de eso”.

La hora en una sala de billar cuesta alrededor de 30 a 50 pesos (moneda nacional), todo dependiendo de las condiciones del local y de la mesa.

En algunos sitios el precio depende también de si se deja prendido el aire acondicionado. Suelen estar llenas hasta en horas de la madrugada. Sobre todo en barrios periféricos como Alamar, donde son prácticamente los únicos lugares adonde se puede acudir después de las 11 de la noche.

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Obligados a cerrar

Una joven cubana juega billar con sus amigos / Foto: CubaNet

Debido a la proliferación de este deporte entre los cubanos, la persecución arreció para los propietarios de las mesas, es por eso que muchos han tenido que cerrar sus locales para evitar ir a prisión y rebuscarse de otra manera.

Julio explica que una mesa puede costar entre mil 500 CUC y hasta 20 CUC cada bola, por lo que un decomiso significa una perdida significativa para el propietario.

Por eso no quisiera que un día estos tipos se queden con lo mío de gratis. La suerte es que como llevaba mucho tiempo en el giro no perdí demasiado dinero.

En tanto, los jóvenes que acuden a las salas de billar se muestran descontentos con las medidas estatales.

El joven Mario, un residente de Alamar que le gusta acudir a las salas y jugar por varias horas, asegura que en Cuba no existen opciones recreativas para los jóvenes.

“No existen prácticamente opciones recreativas para los jóvenes como no sea la Fábrica de Guayaberas y no siempre tienes el dinero para ir. No es lo mismo que entre cuatro o cinco amigos reúnas 100 pesos para jugar un par de horas a dos cuadras de tu casa y digamos que haces una ponina y compraste una botellita. Relajas el día y no te sale tan caro”

Denuncia que en los hoteles existen mesas de billar y que igual se apuesta, pero como se le paga directamente al régimen no persiguen a los dueños.

Hay mesas de billar en los hoteles. Por ejemplo en la Villa Panamericana hay una y la gente igual apuesta, pero como le estás pagando el alquiler al Estado no les interesa lo que pase allí. La cosa es joder al pueblo.

Luis Armando afirma por su parte: “Mírame a mí, por ejemplo, que estoy pasando el servicio militar en la EJT (Ejercito Juvenil del Trabajo). No tengo dinero para irme para una discoteca y duermo en mi casa pero al otro día tengo que levantarme para ir a fumigar. Por una cuestión de tiempo no puedo lanzarme hasta la Villa Panamericana y regresar a las 4 de la madrugada a mi casa”

Lo cierto es que a pesar de que las salas de billar son muy populares entre la juventud esto no las pone a salvo de la arremetida estatal. O tal vez sea el hecho de ser populares lo que las convierta en blancos.

Redacción Cubanos por el Mundo / Con información de CubaNet

Written by María Fernanda Muñóz

Periodista venezolana. ¿La mejor arma? Humanidad. Pasión se escribe con P de periodismo

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