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El entrenar animales en Cuba es considerado un oficio polémico

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Los entrenadores de animales en Cuba se ven afectado por el incremente de interés aplicados a la adquisición de animales afectivos, en especial los perros de raza, gatos y caballos, por tanto en la Isla ha crecido lo que consideran “el vicio de entrenar animales” por el bajo ingreso económico.

Especialistas en Instrumentación Industrial y Controles Automáticos, como José Luis De Jongh Acosta, de 65 años, de los que 20 los ha dedicado a ser entrenador profesional de perros. Tiene participaciones en varios eventos de talla nacional e internacional y en la actualidad considera que “el bajo poder adquisitivo afecta la calidad de la mayoría de los servicios profesional dentro del mercado laboral privado”.

“Por una parte está la gente que para ganar dinero se ofrece como profesional de ‘cualquier cosa’, y por la otra están los que necesitan el servicio pero tienen una economía pobre, y la resultante de esta ecuación son las improvisaciones lamentables que desprestigian cualquier profesión, como está sucediendo con los entrenadores de animales afectivos”.

José Luis junto a uno de los perros que entrena (Foto: Ernesto Aquino / Cubanet)

El experto en esta profesión además entre a dueños de perros de raza para que ellos sean quienes puedan manejar a sus caninos en eventos de competencia; refiriéndose al importe de las sesiones aclaró que “no existe un tarifa fija. El precio depende de la edad y raza del perro, el tiempo de entrenamiento y el tiempo de duración”.

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Pero aquellos que entrenan a perros para pelear, tienen una idea diferente y una opinión distinta con relación al pago por su trabajo. Uno que decidió comentar para Cubanet en anonimato, “porque las peleas de perros son ilegales”, indicó que “un entrenamiento intensivo de 30 días de un Staffordshire (conocido en la Isla como Stanford) puede costar entre 150 y 300 dólares, ya que en estas peleas las apuestas son muy altas”.

Pero a ese costo se le debe atribuir el valor adicional, como lo es la alimentación, las vacunas y cuidado en general. Consideró que “la gente está pagando precios muy altos por los ejemplares de raza, desde 50 hasta 250 dólares por cada uno, sin contar todo el gasto en vacunas y alimentación, de manera que si también quieren tener un perro bien entrenado, pues que paguen. En Cuba, tener un perro de raza y además entrenarlo, es un lujo. El cubano está más para comerse a los perros que para tenerlos de mascota”, reseñó con relación a la crisis económica de la Isla.

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El caballo, otro animal que ha tomado fama en Cuba en la última década, que acoplado a un coche de paseo o una carreta ha ganado un espacio como alternativa a la escasez de transporte, generando además un ingreso para cuentapropistas, aunque con las trabas que impone la policía y el régimen.

Javier Corrales entrenando a un animal (Foto: Ernesto Aquino / Cubanet)

Javier Corrales Moreno, de 37 años, técnico medio en Cultura Físca y especialista integral de Ganadería, con participación en diversos eventos como juez de rodeo, contó que se dedica a entrenar equinos “con independencia del conocimiento especializado que pueda poseer un entrenador de animales u otro profesional, la realidad es que el trabajador privado no cuenta con los recursos ni las condiciones mínimas adecuadas para brindar un servicio de calidad”.

“En Cuba, el trabajo privado carece de una infraestructura y respaldo jurídico básico que le permita funcionar con la seriedad y garantía que deseamos todos. Si hay tanta gente improvisada usurpando el profesionalismo es porque, de hecho, el trabajo por cuenta propia es una opción laboral nacida de la peor improvisación”.

Redacción Cubanos Por el Mundo / Con información de Cubanet

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