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Un cáncer intentando devorar a Cuba

Farmacia. Foto: Juan Suárez
Farmacia. Foto: Juan Suárez

El pasado día 3 de julio, el periódico Trabajadores publicó en primera plana la infame y deleznable agresión de que fuera víctima Danay Aguirre Calderín, estudiante de sexto año de Derecho de la Universidad de La Habana, por parte de un personajillo racista devenido en chofer de almendrón (taxi colectivo) en la capital. El asunto fue recogido por decenas de blogs nacionales e internacionales que compartieron ese hecho vergonzoso con millones personas en el mundo.

El suceso nauseabundo, infame, se debió a que el chofer, supuestamente blanco, y cuyas generales no se han divulgado, se irritó porque la pasajera Danay Aguilera le pidió que le permitiera bajarse antes del lugar previamente seleccionado, por lo que este le gritó improperios denigrantes a los negros y le ordenó bajarse inmediatamente de su carro que no era para los de su raza.

Si esta imperdonable manifestación de racismo y bajeza humana hubiera ocurrido en cualquier otro lugar del mundo, tal vez no sería noticia ni merecería la atención que ha generado; pero que haya sido en Cuba, donde Fidel Castro denunció esta lacra social a principios del año 1959 y anunció su erradicación en 1962, obliga a estudiar profundamente las factores, causas y efecto que han propiciado su reaparición.

Durante décadas y hasta la llegada del periodo especial, salvo en raras excepciones, el pueblo cubano llegó a creer o simular que este flagelo causante de odios, división y prejuicios había sido erradicado para siempre del país.

Ignorando principios bien establecidos en Medicina y las ciencias sociales, las autoridades soslayaron el diagnóstico y tratamiento precoz de esta virulenta enfermedad mental y se optó por callar, pretender que nada estaba ocurriendo y suponiendo que esa malignidad desaparecería por generación espontánea.

El grave deterioro de la situación económica llevó al país a introducir la doble moneda, el turismo, las corporaciones y las empresas mixtas. A la vez promovió la venta en moneda convertible de muchos artículos vitales, limitando las posibilidades de superación, los viajes al exterior, obtención de viviendas, automóviles y puestos de dirección, lo que desencadenó una lucha intestina en la que los blancos monopolizaron esas áreas. Marginaron a los negros y envalentonó a muchos a expresar abiertamente sus sentimientos racistas, de emplear solo a personas con “facciones finas” o a solicitar empleados blancos en un blog, sin repercusión de ningún tipo.

Arrinconados y sin posibilidades de acceder legalmente a la moneda convertible en un entorno hostil, donde todas las puertas estaban cerradas, muchas familias negras y mestizas flaquearon, cedieron ante el dolor, el hambre y la miseria, delinquiendo, prostituyéndose y perdiendo sus valores y principios, que muchos segregacionistas y marginadores causantes de esta tragedia convirtieron en arma y estrategia de lucha justificadora de sus acciones.

Las arbitrarias demandas de identificación y las selectivas detenciones de negros en la calle Obispo, la Habana Vieja, Varadero y otros lugares turísticos, ha lacerado y ofendido a prominentes intelectuales negros cubanos y extranjeros. Las repatriaciones forzadas de personas del interior del país hacia sus lugares de origen y su peyorativa identificación como palestinos, han recorrido el mundo y estigmatizado al país, al extremo que el Dr. Ralph Gonsalves, primer ministro de San Vicente y las Granadines y amigo incondicional de Cuba, se declaró palestino en un discurso público pronunciado en la ciudad de Santiago de Cuba.

Cientos de intelectuales, activistas y educadores, predominantemente negros, comenzaron a organizarse y a denunciar esos hechos execrables ante distintas instancias políticas, jurídicas, policíacas, educacionales y sociales del país. Encontraron oídos sordos o respuestas mediatizadas, que ignoraron el crimen cometido, su poder corrosivo y desmoralizante en favor de preservar la unidad nacional.

Numerosos visitantes africanos, afroamericanos y caribeños amigos de Cuba, expresaron públicamente su alarma y consternación ante tales hechos y reclamaron su atención sin éxito. Algunos han continuado batallando este mal, mientras otros han optado por la salida fácil de olvidarse de Cuba.

La postura oficial de Cuba de no tocar este tema candente o hacerlo a medias con organizaciones semi oficiales que se desgastan en discusiones teóricas, científicas, analíticas, históricas y antropológicas,cuyos resultados y propuestas están pendientes,engavetadas o han sido rechazadas.

Los medios masivos de comunicación, el sistema judicial, Educación y Cultura, no se dan por enterados de estos hechos reiterativos, irrefutables, contaminantes sociales, que tocan a sus propios empleados y familiares, mientras insisten en promover una cultura eurocéntrica con sus vicios, vulgaridades y deformaciones a expensa de la rica historia, cultura e idiosincrasia nacional.

Es por ello, que este hecho que ha puesto al descubierto ante el mundo toda la fealdad, la podredumbre y pestilencia que el silencio cómplice de muchos funcionarios indolentes permitió que se haya gestado, incubado, multiplicado y diseminado por todo el país. Tratan ahora de convertirlo erróneamente en un proceso policiaco, encausando y sancionando al autor, como si las patologías neurológicas pudieran curarse con represión y reclusión penitenciaria.

El único método probado para erradicar de una vez y por toda esta grave dolencia que puede corroer a las instituciones y el alma del país, es combatiendo agresivamente la pobreza y la marginación de los más débiles, desarrollar una masiva educación de historia, cívica, cultura y antropología a todos los niveles de la enseñanza en Cuba y fortalecer la educación de las artes visuales, la radio y la televisión reformulando y adecuando su programación monótona, acrítica, para que empatice con la audiencia y los involucre en la búsqueda y solución de la problemática poblacional del país.

La sub-valoración y los prejuicios de importantes funcionarios del Ministerio de Turismo y otros no deja lugar a dudas basado en su comportamiento sectario histórico. Decenas de ferias, seminarios, conferencias, anuncios en la prensa, radiales y televisivos han sido desplegados en Europa, Asia y América del Sur para promover el destino Cuba, sin embargo, no se ha realizado ningún esfuerzo serio para penetrar el enorme mercado de 50 millones de personas afroamericanos con un PNB de más de 960 mil millones de dólares, que supera con creces los ingresos de muchos países donde Cuba es promovida activamente. Ni siquiera se han estimulado a probados amigos afroamericanos de Cuba a promover el destino.

Estudios realizados entre los afroamericanos que han visitado al país demuestran una marcada preferencia y compatibilidad étnica con el Oriente del país, donde justamente tanta ayuda y desarrollo se necesita para estabilizar la población y revertir los graves procesos migratorios hacia Occidente y el exterior.

En nuestras manos está expandir y nivelar el desarrollo socio-económico del país, eliminar las fricciones raciales presentes y evitar a tiempo la recreación de las bases que determinaron la existencia de un 1912* en Cuba.

Publicado originalmente en Havana Times

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