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La experiencia de vivir en un edificio mitad barco y mitad ataúd: así lo narra el texto de Dazra Novak

Es una edificación “hermosa” que se sitúa frente al malecón de La Habana y esconde secretos de sangre

Vivir en un lugar signado por el dolor es igual a vivir con la muerte en la espalda. ¿Quién querría vivir así? Precisamente esa es una de las preguntas que Dazra Novak se hace en un texto publicado originalmente en Habana por Dentro y reproducido en el portal Cartas desde Cuba, de Fernando Ravsberg. En cada una de esas líneas Novak se cuestiona el hecho —o, mejor dicho, la experiencia— de formar parte de uno de los edificios más inquietantes de Cuba, el que es mitad barco y mitad ataúd, justo frente al malecón de La Habana.

La historia cuenta que se trata de una edificación estéticamente bellísima, con el sonido de las olas como música de fondo. Sin embargo, la historia también es ingrata: un extraño asesinato se esconde detrás. Ese binomio opuesto le ronda la mente a Novak, autor del texto en el que se narra su experiencia al entrar al edificio histórico.

Para empezar, ella aclara que lo llaman “el edificio de los ataúdes”. “Qué raro debe ser vivir ahí”, se increpa. Un escalofrío era todo cuanto sentía al mirar el inmueble hasta que entró. Lo atendió una mujer llamada Elsie, quien se esmeró en atenciones. Le ofreció algo de beber y bocadillos, además le habló de esa inmensa vocación de ella de vivir frente al mar. Justo en ese momento ese escalofrío se transformó en sentimientos agradables para Novak.

 

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Las conversaciones entre Elsie y Novak fluían entre trago y cuentos habaneros. De repente, ayudado por la bebida, la escritora se atrevió a romper el silencio y preguntar sobre lo que se escondía tras la belleza del edificio. Con naturalidad, la mujer respondió:

“¡Ah, el mito! Sí, a mí la gente me empezó a preguntar por aquella historia tan rara cuando yo era pequeña. Y para mí era tan extraño, que le pregunté a mi padre. Él me dijo que había conocido al arquitecto, cuyo nombre ahora no recuerdo, y que no había nada de eso”

Enseguida, Elsie le propuso que la acompañara a un lugar cercano para mostrarle las evidencias de la historia que su padre le había enseñado antes. Una vez frente a la inmensidad del azul profundo, ella le interrogó sobre la vista. Novak, impresionada, respondió: un barco.

“Exacto. El arquitecto quería que tuvieras la sensación de estar en un barco. Donde quiera que te pares, en la sala, terraza o balcón, lo único que ves es ese inmenso mar. Punto, ya está. Cuando vas en un barco te paras y te mareas, aquí pasa lo mismo”

Luego de semejante lección, ambos rieron juntos. Al término de la velada, la historia del asesinato en ese hermoso lugar se había ubicado en los lugares más recónditos de la memoria de Novak.

 

Redacción Cubanos por el Mundo / Con información de Cartas desde Cuba.

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