La ola de "Hola! Ota-Ola", o cómo hacer algo que sirva en la TV de Miami
La ola de "Hola! Ota-Ola", o cómo hacer algo que sirva en la TV de Miami

La ola de “Hola! Ota-Ola”, o cómo hacer algo que sirva en la TV de Miami

Ene 11, 2018

Ataviado de la manera más informal posible, a veces un pullover, otras una camisa, en ocasiones un turbante, en un estudio de 4×4, con un productor al que cariñosamente suele llamar “El Millonario de Brickell” y dos operadores de audio y video borrachos, – al menos eso dicen y cuentan – Alex Otaola, el carismático actor y presentador residente en la ciudad de Miami, ha logrado en poco tiempo con su programa “Hola! Ota-Ola“, lo que muchos tardan toda una vida en los medios, hacer historia. O al menos comenzar a hacerla.

No hay gratuituidad en la frase. Desde que uno se sienta a escuchar el programa”Hola! Ota-Ola“, lo primero que salta a la mente es que es un programa completamente diferente. En forma y concepto.

Ale, y el equipo de producción del programa han tomado por asalto el Facebook Live de los cubiches desde hace ya varios meses, y raro es el día en que los “televidentes” no pasen de 700 – al menos en el canal de Cubanos por el Mundo -, a los que hay que sumar los de Flamingo TV Radio, y ahora Xtreme Mundial. En Cuba, se ve en El Paquete.

A simple vista pudiera parecer difícil lograrlo; pero lo han hecho. Han trastrocado el concepto formal de hacer TV. No necesitan camarógrafos, ni maquillistas, ni asistentes de dirección, ni guionistas. Necesitan lo indispensable – con una lata y un palo, se diría en Cuba – y desde ahí comienzan, todos los días de lunes a viernes a las 5:30 PM, o las 6:00 PM porque a veces “la tecnología” o “el tráfico” en la ciudad de Miami, les juegan una trastada. Hasta en eso “son diferentes”. No tienen una hora fija para comenzar.

En una época donde la televisión transmedial es ya un hecho más que probado, rodeados de canales de televisión a la usanza del Siglo XX, Ale Otaola ha roto con el concepto de televisión ya anquilosado, en una ciudad en la que sus habitantes se desesperan durante el día en encontrar en la pantalla grande un programa que valga la pena. Él no sale por la TV, pero sale por el display de una computadora, que es casi lo mismo.

En instantes en que, el deseo de habitantes en EE.UU es la legalización de la marihuana en cada estado de la nación, Alex, en su programa, “se fuma” un porro todos los días al aire; le grita a su equipo de producción, amenaza con despedirlos por cada pifia que cometen. Ellos, desde la cabina le responden. Le “sientan” una bailarina exótica y semidesnuda al lado, y él la rechaza. Le ponen un chico con el torso desnudo delante, y Alex se desordena como Carilda. Es una irreverencia total.

No solo se define gay, sino que lo asume y “juega” con eso, algo que ni por asomo uno está acostumbrado a ver en la TV tradicional que, si tiene algún presentador homosexual, este suele “esconderse en el closet”, o si lo dice, lo dice y ya. Alex Otaola no. Su homosexualidad es parte del programa y a cada rato sale a relucir, no como un ‘leit motiv’ para burlas, sino como algo natural. Ya es hora de que sepamos que no hay nada de malo en serlo, decirlo y reconocerlo.

Hola! Ota-Ola rompe el molde, además, cuando se aparta de el modo unidireccional y frío de la TV tradicional. Si en otros programas, los presentadores y locutores transmiten lo que durante el día ensayaron, sin importarle la interacción con el público más que un aplauso y una risa (la mayoría de las veces grabado), Otaola “gana”, no “pierde”, hasta 20 minutos en saludar a su público del Facebook, nombre por nombre, comentario por comentario que le ponen en la página. Lo hace al inicio del programa, en el medio y al final. Quienes lo ven se sienten parte del show, están allí, son parte del guión.

¿Cómo lo logra? No se pregunte eso, porque eso habría que preguntárselo a él; sepa que apenas ensaya.

Parece tan difícil que da miedo. Estar dos horas, o una hora y media hablando delante de una cámara sobre los temas más disímiles, y lograr mantener al público enganchado. Lo mismo es un video viral, que una información proveniente de la India, que – esta es la mejor parte – un chisme de actualidad.

Le pregunta a sus invitados lo que muchos no se atreverían a preguntarle. Se besa en la boca con ellos, si lo dejan, sea hombre o mujer. Es un actor, haciendo el papel de un presentador. Es un chismoso sin control, con pinzas para no herir susceptibilidades.

Por ahí han desfilado videntes, actores venezolanos, cantantes, figuras públicas argentinas, y sobre todo, actores, actrices y cantantes cubanos, hasta la vieja bretera de Lucy, una “influencer” cubana que es muy popular en Facebook.

“Ayúdame a controlar mi lengua”

Ayúdame a controlar mi lengua”, canta ya casi llegando al final del programa, y empieza el regodeo y el desespero, porque la gente quiere – ¡por fin! – enterarse de la última, de lo que él solo sabe, o le dijeron, o le contaron que, se los aseguro, casi el 100% de las veces es una verdad. Una verdad que casi nadie se atreve a decirla, pero Alex Otaola sí.

En ese compromiso asumido con su público, aunque le cueste la vida, Alex Otaola ha optado a riesgo de todo, por cantar las verdades en una ciudad donde, decir una verdad a veces, suele tener consecuencias.

“Se ha metido” con el hasta ayer Comisionado de la Ciudad de Miami y ahora Alcalde, Francis Suárez. O con su antecesor Tomás Regalado. Y lo ha hecho con motivos, y sin temor alguno.

Los ha llamado, confrontado, emplazado. Un pecado que solo él se ha dado el lujo de hacer. Sin contar con que, a los de la otra orilla, también – o más – les echa con el rayo a cada rato. Y la gente le agradece el lugar en que se pone, que no es otro que el justo medio de las cosas.

Ha descargado desde la honestidad, con la politiquería miamera y sus hijos extremistas y acólitos; y lo ha ha hecho de la manera más descarnada posible, pero sin ofenderlos. Lo que a un invitado “de lujo” y especialista en sociedad y politica le costaría decir en 10 minutos, y a veces no decirlo y tal vez insinuarlo, Ale lo resume sin pelos en la lengua, en 4 o 5 palabras, o en frases nada edulcoradas o elitistas. Ale Otaola es un presentador y usa un lenguaje popular. Así que habla del modo perfecto: “al pan, pan y al vino, vino.”

¿Que si le gusta a la gente? ¡Demasiado! Otaola es todo un personaje en cuanto evento de cubaneo asiste. La gente le pide retratarse con él, le dicen que lo aman. Los “famosos” lo llaman, se le acercan, les dicen que se llegue a su mesa, y esto que para muchos es una carta de triunfo e incluso una patente de corso, para él es solo una muestra de que está haciendo las cosas bien.

¿Sí? Yo lo afirmaría, aunque no dejo de reconocer que en ocasiones ciertos excesos empañan mínimamente “la puesta final en escena”; pero el resultado global es, indudablemente, superior. Y de eso va su historia. La que va escribiendo.

Martí decía que una persona debe venir al mundo a escribir un libro, plantar un árbol, y tener un hijo. La parábola martiana se resume en esto: trascender. Dejar algo para el futuro. Algo que, en la TV de Miami no existía y que Otaola, desde un cuartico en Brickell y con 4 luces y un micrófono, va logrando.

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