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‘El novio extranjero de mi novia’: ¿el machismo cubano mutó?

Turistas caminan por La Habana / Foto: Referencia
Turistas caminan por La Habana / Foto: Referencia
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La temporada alta del turismo vuelve a mostrar una cruda realidad: jóvenes cubanos tratando de lograr sus sueños conquistando a un extranjero de la tercera edad.

En Santiago de Cuba, la vigilancia policial en las instalaciones recreativas del centro de la ciudad se ha ensañado con las mujeres jóvenes. «Llega el DTI y se las lleva sin mirar el Carné de Identidad», cuenta un asiduo del bar La Claqueta. «No importa si están solas, estar allí ya es un delito».

La prostitución es una constante del turismo en Cuba. Las autoridades no han podido erradicarla, a pesar de figuras represivas y anticonstitucionales como las advertencias por «asedio al turista» y la llamada «proclividad a la prostitución».

Es tan inevitable que incluso la tradición machista cubana se ha tenido que adaptar a este fenómeno.

Celia es novia de Luis, pero tiene otro novio. Luis lo sabe, lo consiente y lo estimula, no tiene problemas para aceptarlo. Es que el novio de su novia es un francés mayor que se complace con una joven.

Adoptar la forma de pensamiento del chulo se ha insertado en el subconsciente nacional. La infidelidad no es vista de una manera tradicional. Para Luis, es justificado que su novia esté con el viejo. Esa relación implica un beneficio económico para todos y, si tiene suerte, una vía de escape de la Isla. Si el otro novio de Celia fuera cubano, entonces sí representaría una mella para la hombría de Luis, y conllevaría violentas consecuencias para su pareja.

Al preguntársele por qué no juzga esta infidelidad de la forma machista tradicional, Luis responde escueto: «Eso no es tarro. Ella está luchando». Luis y su novia no se consideran jineteros, él es empleado de Áreas Verdes y ella tiene un pequeño negocio de peluquería.

«Este turista nos cayó del cielo», cuenta Luis. «Lo conocimos en un cumpleaños y, simplemente, se ‘encarnó’ en ella. Le dije a Celia que siguiera adelante».

La decisión de que ella se prostituyera no fue un dilema moral para la pareja; de hecho, ni siquiera lo ven de esa manera. El concepto de prostitución de Luis es «la mujer que está en la calle ofreciendo sexo por dinero. Lo de Celia es una relación de pareja estable».

Y muchos cubanos en la Isla piensan igual. Lograr capturar un turista como pareja es un sueño de muchos. El endiosamiento del extranjero ocurre tanto en ciudades consideradas polos turísticos como en la zona rural más apartada.

Un turista invitado por un amigo cubano a conocer a su familia en un caserío en las afueras de El Salvador, Guantánamo, cuenta que lo que más le impresionó fue cómo todo un pueblo puede convertirse en proxeneta.

«Dondequiera que iba, hombres y mujeres me buscaban novias. Sin vergüenza, me ofrecían mujeres. Y no lo consideran prostitución, no tenía que pagar, solo si yo quería hacerle algún regalito», relata.

Según este turista, las propuestas venían de hombres y mujeres mayores, personas que tratan con un extranjero pocas veces. Él se considera un hombre viejo y no logra comprender cómo esta obsesión por emparejarlo no es considerada una burda venta sexual.

El machismo se ha mantenido como uno de las prácticas sociales y conductuales de hombres y mujeres cubanos a pesar de las campañas en su contra, pero con el incremento del turismo se ha impuesto la tendencia a hacer la vista gorda. Compartir pareja no es aquí un capricho swinger, se trata de mentalidades que han mutado en busca de la sobrevivencia.

Celia espera pronto su primera carta de invitación. Si logra el visado, su misión estará cumplida. Luis la seguirá apoyando. Se quedará cuidando a su hijo de tres años y recibirá los beneficios de la posible migración.

Publicado en Diario de Cuba

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