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Pobladores en Macondo: “Vivimos como primitivos, esto aquí es el infierno”

Más de 200 personas viven en la pequeña colonia aislados y sin servicios básicos

Deterioro de viviendas improvisadas en la vieja escuela de Macondo/Foto de Martí Noticias
Deterioro de viviendas improvisadas en la vieja escuela de Macondo/Foto de Martí Noticias

Una escuela abandonada se convirtió hace muchos años en la vivienda de más de 70 familias cubanas en Macondo. A algunos de los grupos familiares les tocó vivir en medio de fosas desbordadas, en la pequeña colonia cercana a San Antonio de los Baños. Una madre, aunque profesional y profesora, confiesa que su salario de 300 pesos mensuales no alcanza ni para comer. Según reseña de Martí Noticias.

«Muchas veces mis hijos se tienen que pasar el día sin comer porque el dinero solo alcanza para el transporte cuando van a la escuela. Yo soy profesora y pago un crédito al banco. El salario se me reduce a unos 300 pesos, y con eso nos da apenas para subsistir», confesó Yakelin Pérez, sentada en la vivienda improvisada que ocupa con sus dos hijos hace años.

El pequeño pueblo se encuentra al fondo de una plantación de Café. Una de las referencias para llegar es una cárcel de Mujeres que se observa al final de un camino de tierra. Buena parte de sus pobladores, son un grupo de vecinos que ocuparon una escuela abandonada y se repartieron sus aulas, para encontrar el techo y cobijo que no han encontrado del estado en toda una vida escuchando promesas.

Las más de 70 familias en el lugar no se benefician de servicios públicos, subsisten con una planta eléctrica que apenas funciona. Ninguna persona posee libreta de abastecimiento ni dirección postal. Ni el panadero pasa por ahí, dice una vecina.

Una vieja estructura de dos plantas, sirve de refugio a más de 200 personas que conviven entre la precariedad y suciedad que ocasiona la falta de servicios públicos. Los baños están conectados al sótano, donde terminan las heces fecales. Los olores son elocuentes.

Aislados

María de los Ángeles, una residente del lugar junto a su esposo y seis hijos, cuenta cómo se las ingenian para sobrevivir en medio del aislamiento que caracteriza la zona, en la que sólo aparecen los policías cuando alguna persona intenta montar un negocio para ganarse la vida y beneficiar a la comunidad.

«Me metí aquí a la fuerza porque no tenía donde vivir y nadie nos quería ayudar. Hemos pasado mucho trabajo porque aquí no pasa ni el panadero, y cuando alguien intenta hacer algún negocio para subsistir, enseguida llaman a la policía. Dicen que nos van a dar los papeles de la propiedad de la casa a cada familia, pero yo realmente no tengo esperanzas, de todas maneras de aquí no me saca nadie» apuntó la mujer.

Nada les queda cerca, ni los centros de salud, ni los mercados, ni las escuelas. Muchos niños, o comen, o van a la escuela, debido que su pobreza no les permite costear en ocasiones, el dinero para el transporte y la comida a la vez.

María de los Ángeles tiene a un niño con asma, uno con fractura craneal y otro con lupus. La necesidad la hizo permanecer en Macondo, aunque reconoce “Vivimos como primitivos, esto aquí es el infierno”.

Redacción Cubanos Por El Mundo

 

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