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Padres cubanos se niegan a que sus hijos sean maestros porque “pasan mucho trabajo”

El déficit de docentes es el principal problema de la educación en la Isla

Maestra en escuela cubana/Captura de pantalla
Maestra en escuela cubana/Captura de pantalla
 

Algunos padres cubanos terminan hasta exaltados al consultárseles sobre la posibilidad de que sus hijos sean maestros. La negativa es rotunda y se basan en el descontento que aqueja a los docentes estatales, que trabajan en pésimas condiciones, chantajeados por el régimen y sin salarios dignos.

Y aunque todos quieren buena educación, nadie está dispuesto a sacrificar el futuro de sus hijos para tal fin.

“¿Maestro?, no, no, no, ¡qué va!, yo pienso que maestro no porque no se está valorando el sacrificio que ellos hacen de estar ocho horas en el aula con los niños, eso una responsabilidad muy grande, y además su salario no es decoroso, no les satisface”, dice un representante tras ser consultado en el programa radial Sin pelos en la lengua, del podcast de Tiempo21, desde Las Tunas, Cuba.

El déficit de docentes es reconocido como uno de los principales problemas de la educación cubana, sobre todo en la enseñanza general. De allí que muchas familias cuestionen la calidad actual de la formación de sus hijos.

Una madre dice “Los maestros pasan mucho trabajo y no se les reconoce el esfuerzo. Hoy por hoy no se tiene en cuenta el sacrificio que ellos hacen en el aula, les exigen mucho y tampoco tienen el tiempo debido para prepararse para educar mejor”.

Para nadie es un secreto, menos para quienes tienen hijos estudiando, el desgaste que sufre la educación cubana a todos sus niveles. El sector educativo sobrevive a numerosas fallas de infraestructura, a los bajos salarios y a la creciente carga laboral que pesa sobre los docentes, debido al éxodo de maestros hacia el cuentapropismo.

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“Educar es la más noble enseñanza y la más importante. Por el maestro pasan todos. Los maestros son la fuente de todo. Sin maestros no hay revolución posible”, asegura una maestra, que a diferencia del resto de los consultados indicó que el salario pasa a un segundo plano debido a la vocación y la pasión por el oficio.

Esa pasión no parece ser suficiente para la mayoría de los agremiados, que cada vez más cansados y desanimados, deciden abandonar sus puestos estatales para ganarse la vida por cuenta propia, en empleos de negocios privados o emprendiendo uno propio.

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El desánimo docente es evidente en el incumplimiento de los horarios diarios, reducidos casi a la mitad, así como en los retrasos en el inicio de clases luego de las vacaciones. Eso, más las conversaciones que cualquier padre tiene con los maestros de sus representados, y con los propios hijos, los lleva a concluir que la tranquilidad y la estabilidad profesional de la próxima generación no está en la docencia.

Redacción Cubanos Por El Mundo

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