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Nuvia Estévez: Entre la migración y el tiempo.

La poetisa cubana tendrá un recital de poesía el próximo viernes 6 de abril en la Libreria Altamira, Coral Gables, Miami, a las 7:30pm

Nuvia Inés Estévez

Caracterizada por «su estilo desembozado, su audacia léxica y su autoafirmación genérica»* la obra de la poetisa cubana Nuvia Estévez (Puerto Padre, Las Tunas, 1971) ha sido, desde su salida al escenario poético, motivo de estudio – y orgullo – para varios analistas de la poesía en Cuba, entre los que pudiéramos mencionar a Efraín Rodríguez Santana, Waldo González López, Mayra Hernández, Felicia Hernández y Rogelio Riverón.

Mucho se ha hablado sobre su estilo irreverente, eufórico, intimista, erótico y fulminante desde que viera la luz «Últimas Piedras contra María Magdalena«, primer poemario que ya auguraba lo que vendría después.

Varios libros publicados en México, Costa Rica, Puerto Rico; lecturas en recitales de poesías y Ferias del Libro (México, Colombia); un Premio Nacional David en el año 2001, el Premio Farraluque de Poesía Erótica, y su inclusión en una treintena de antologías, dieron a algún crítico incisivo más de una pedrada luego de la salida de «Ultimas Piedras…» lo cual provocó frases como: «Si ese es su modo de jugar, hay que verla jugar y jugar con ella», plasmada en otro texto reivindicativo quese tituló: «Desnuda y sorprendente».

En una época como la actual, donde los críticos discurren entre «feminismo y feminazzis» a conciencia – según del bando en el que operen – y en años donde la tecnología, más específicamente las redes sociales, han logrado sepultar a más de un «equivocado», hay que situarse en el contexto provincial cubano de los años del 2000 al 2010, en el cual surge Nuvia Estévez, y todo lo que enfrentó cuando desde su tranquilidad expresaba:

«Ah mis tetas querubines
correteando por el pecho
Ah mis pezones el trecho
al paraíso jazmines (…)»

«Yo solo quería escribir y escribir, exorcizar demonios, reírme de la mediocridad, y jugué también poniéndole a las formas clásicas decires diferentes, ajenos al puritanismo y a la tradición.»

«Es verdad yo soy la puta
la feliz la melancólica
la temible la bucólica
quien se lamenta y disfruta.»

Sin embargo, tras el alborozo llegaría su consagración: su Premio David por «Maniquí desnudo entre escombros«, una obra tan sólida como cualquiera de las rocas de su poemario «Últimas piedras…», llena de lirismo y heridas; dolor y maternidad resumidas; un todo en una sola pieza, donde confluyeron en franca ruptura, epigramas, sonetos y décimas junto al verso libre. Formas poéticas a las que recurre Nuvia para expresar su yo más interno, alejado siempre de escaramuzas facilistas.

No obstante a ello, cuando Nuvia se aleja del «clasicismo» y recurre a formas libres, es capaz de regalarnos piezas antológicas como «Desde el Fondo«, un poema que narra a todas luces el desgarro migratorio de los 90´ , un país fragmentado y oscuro – «los muertos, los ahogados» – donde se amalgama el dolor de una madre y su hija con el dolor país: «mis padres prohibieron el azul/ gritaron: hasta allí los límites/ la mirada divisoria entre las aguas/ hasta allí la sal, los ahogados/ la fría eternidad de los peces en las rocas”.

«mis padres prohibieron el azul/ gritaron: hasta allí los límites/ la mirada divisoria entre las aguas/ hasta allí la sal, los ahogados/ la fría eternidad de los peces en las rocas”.

El poema también rememora esa triste página de la Cuba noventera, inmersa en el turismo sexual:
«El país fue un arca/ a ella sólo llegaron animales malditos/ (esa ungida inocencia de los animales sin espina/ ese vaho silencioso de los amantes oscuros)».

«El país fue un arca/ a ella sólo llegaron animales malditos/ (esa ungida inocencia de los animales sin espina/ ese vaho silencioso de los amantes oscuros)».

Tras una pausa lógica y provocada por el acomodo en otro país como inmigrante, llega el poemario «las muñecas, las putas, las estatuas» donde Nuvia Estévez muestra que ya no es aquella chiquilla que escribía entre cuervos y guadañas; aquella que mordía y esputaba en o sobre los hombres. O quizás siga siéndolo, aunque más dócil, más frontal y decidida; más experta y proclive al perdón, más maternal, más de luz y abrigo.

A ello alude en «4:00am», sin dudas una joya dentro de esta última entrega, y que de por sí solo vale el libro entero.

«Si me dedicara a hacer cosas prohibidas/l anzaría la bomba que rueda en mi cabeza/ He dejado de ser feliz cuatro estaciones/ cuatro eran los felinos que acariciaba el hombre que amé/ y cuatro mil setencientas las oportunidades que le he dado a la gente.»

O «Daguerrotipo», un bellísimo poema que resume, desde su propia mirada, tres generaciones de mujeres detrás del dintel de una casa; todas iguales y distintas, todas madres, todas hijas.

«Nadie puedo ser yo/ Puede ser la niña que trajo el ramo de flores(…)/ Nadie puede ser otra/ La misma que sonríe como si mirara un espejo (…)/ Nadie puede ser todas/ Esas tres niñas que se aupan y desmiembran/ Esas tres mujeres que se rompen/ vuelven a fundirse y huyen de mis ojos/ Sin regreso».

Se trata de una de las poetisas cubanas más importantes de su géneración, con una obra afianzada, aún por extenderse desde esta otra orilla.

Sergio Prado

* Desde la Excomunión a la Escritura, Felicia Hernández Lorenzo

El último poemario de Nuvia Inés Estévez, «las muñecas las putas las estatuas» puede ser adquirido en Amazon, en el siguiente enlace

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