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El hambre en dos presentaciones: Cuba y Venezuela

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Niños y adultos comen de la basura en Venezuela. / Foto archivo
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La XXXVII asamblea de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) realizada en La Habana desde el 7 de mayo, respaldada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO), aplaudió el supuesto desarrollo humano de la Isla, sin que ninguno de sus funcionarios se tomara la tarea de recorrer las barriadas cubanas para palpar la miseria que reina en los estómagos de sus ciudadanos.

Desde sus cómodos sillones y el aire acondicionado, los presentes asintieron ante las cifras y falsedades de la dictadura castrista, ahora representada por Miguel Díaz-canel, presidente pro tempore del organismo de Naciones Unidas durante el evento.

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Hambre a la cubana

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A diferencia de Venezuela, en Cuba las autoridades han maquillado mejor el hambre y la miseria del pueblo, que quizá por ser una realidad arrastrada hace décadas ha perdido notoriedad y novedad. Según reseña un artículo publicado en Diario de Cuba.

Sobre ello el escritor y exiliado Francisco Almagro Domínguez plantea una interrogante como apertura a la comparación entre las experiencias dictatoriales lideradas por el castrismo en Cuba y Venezuela.

“¿Por qué (en Cuba) la gente no come de la basura y los niños no se mueren de hambre?”, plantea.

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Una pregunta que a juicio de Almagro resulta fácil de responder para un cubano, pero difícil de entender para quienes no hayan vivido en la Isla como un ciudadano de a pie.

“La ingeniería alimentaria cubana no tiene desperdicio: el perro sin tripa, el picadillo texturizado, el cerelac, la masa cárnica y la guachipupa hasta llegar, por fortuna a destiempo concebida, a la moringa como “fuente de carne, leche y huevos”, asegura.

Almagro destaca además que desde los primeros años de la revolución, las autoridades encargadas de la producción y distribución de víveres inventaron todo tipo de “cosas” masticables y de “originales procedencias”.

La propaganda también se empleó para sustituir el clásico menú cubano de viandas, frutas y carne roja por el de pastas, arroces desleídos y sustitutos cárnicos.

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El hambre a la venezolana

El análisis de Almagro asegura que la principal distinción entre la pobreza de los venezolanos y los cubanos, es que los primeros nacieron y crecieron en otra realidad a la actual, teniendo la posibilidad de distinguir entre una y otra cosa, mientras que esa condición ya le fue arrebatada hace décadas a los habitantes de la Isla.

“La diferencia con los venezolanos es que estos, probablemente, entran a un mercado y saben distinguir la fresa de la cereza, el churrasco de la cañada. Y ahora no lo pueden comprar. El cubano que llega a estos lugares, primero debe hacer una especie de actualización alimentaria, una reprogramación cognitiva de qué es un anón, una chirimoya; diferenciar un chorizo de una morcilla, un camarón de un langostino” explica.

Desde 1959

Concluye diciendo que el cubano de a pie, nacido después de 1959, “tiene un centro de la saciedad y un estómago” diferente a sus compatriotas del exilio y que el día a día de cualquier isleño es sólo para sobrevivir.

“Su atención las 24 horas del día está, como sus antepasados de las cavernas, en garantizar el mamut para la próxima comida. También carece de una dentadura a prueba de carnes rojas, vacuna para ser más exactos. Tan pronto mastican un par de bistecs en estas tierras, se les sueltan dos o tres empastes a la vez”, precisó.

Redacción Cubanos Por El Mundo

Written by Karelis García

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