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Policías revolucionarios encuentran en la represión su licencia para ser corruptos

Efectivo de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR). Foto: archivo
Efectivo de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR). Foto: archivo
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Podrá usar un uniforme azul y ser más grosero y altanero que cualquier cubano; pero vive su misma crisis. Es bien sabido que protegen jineteras y pingueros, incluso que se prostituyen ellos mismos; pero se enrolan en otras cosas, igual de ilegales, pero más discretas. Ante el amparo del régimen que pone en sus manos la ejecución de la represión; los policías cubanos se convierten en hombres de negocios, tapando delitos y recibiendo sobornos; según reseña CubaNet.

Él, quien todavía usa la chaqueta azul, asegura con orgullo que “se le escapó al diablo”. Se mudó de oriente a La Habana y agradece los habaneros no quieran ser policías. Él, se aprovechó de esa “desidia” capitalina. Está en su mejor momento y posición. Ve la capital como podían ver los habaneros a Europa.

Nadie lo señala, tiene licencia para hacer lo que sea, con tal de que cumpla con su cuota de represión. Lo sabía cuándo aceptó el puesto. Defendería a La Habana, lo que representa para el régimen, reprimirla. Creyó que era el mejor camino al exilio. Ese que al menos lo sacara de la empobrecida “cuna de la revolución”. Llegó a la capital con necesidades, que se mezclaron con ambiciones. Hasta imaginó que embobaría a una habanera, pero ésta nunca llegó.

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Lo que sí consiguió fue una forma de sobrevivir. Cauteloso siempre, se convirtió, según asegura, en un gran conocedor de la “especie humana”. En su trabajo solo miraba y, sobre todo, “se dejaba ver”. Con sus pares fue esquivo, incluso cuando hablaban de sus ganancias, “esa es la clave del triunfo”, señala.

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Salvado

El sigilo hizo que nunca se fuera con la de trapo, hasta que un día a los cinco meses de servicio se dejó “salvar”; así llama Él al soborno. Descubrió a un distraído chofer de un auto estatal cuando recibía veinte dólares que le pagaron dos extranjeras. Cuando el chofer, en lugar de mostrar los documentos que le exigía el policía, le ofreció los veinte CUC que había recibido, veloz los guardó en el bolsillo. “Gracias brother, estamos a mano”, le dijo el chofer, y así fue.

Con otra propuesta apareció dos días después el chofer, en el mismo sitio que debió ocurrir antes una multa.

“Necesito que me metas preso. Unas yumas me quieren llevar a Trinidad, pero no tengo como escaparme de mi mujer. Si me consigues una notificación que demuestre que estuve detenido en alguna unidad de policía durante cinco días, por un accidente sin muertos, te pago 50 CUC”, le ofreció.

Él se carcajeo. No podía creer la propuesta. Aceptó sin dudarlo.

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Al otro día el hombre tenía la breve notificación con una fecha que adelantaba al almanaque. Eran exactamente los cinco días que el chofer estaría en Trinidad. El uniformado le contó cómo encontrarlo por si aparecía otra “operación”, y aparecieron muchas más. Es la estrategia favorita de maridos infieles. Así se ganan el dinero que no paga el Estado.

Sobornos

Se hace de la vista gorda con la marihuana, con los fiesteros escandalosos que imponen el desorden nocturno en un barrio. Incluso puede sapear al vecino que denunció anónimamente la situación. Eso si el fiestero es violento y quiere vengarse. Protegen a las prostitutas, a los trabajadores que especulan con los materiales a “bajos” precios. Todos ellos liquidan sus delitos poniendo unos pesos en el bolsillo de un policía.

Todas estas historias están encerradas en 57 años de creado el Ministerio del Interior y casi 60 de la Policía Nacional Revolucionaria. La prensa oficial lo sabe, pero no denuncia nada, puesto que los policías cumplen su mayor labor: la represión. Esa es su licencia.

Redacción Cubanos por el Mundo

Written by Karelis García

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