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Fidel Castro mantuvo congelado por 18 años el cadáver de un piloto estadounidense

Los restos del militar eran considerados como un trofeo para Castro, conservándolo incluso de los criticados apagones.

Janet Ray junto a la foto de su padre, el piloto Thomas Ray
Janet Ray junto a la foto de su padre, el piloto Thomas Ray
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El cadáver de Thomas Ray, un piloto estadounidense asesinado durante la invasión de Bahía de Cochinos, estuvo congelado durante 18 años en la morgue del Instituto de Medicina Legal de La Habana a petición el dictador Fidel Castro.

Los restos del militar eran considerados como un trofeo para Castro, conservándolo incluso de los criticados apagones.

Janet Ray, hija del fallecido militar, indicó que  además Fidel Castro tenía el cadáver de su padre como prueba de que Estados Unidos estuvo detrás del ataque.

«El cadáver de mi padre fue una especie de trofeo para Fidel Castro. Como EEUU negó por décadas que había organizado Bahía de Cochinos, Cuba encontró en él, que era estadounidense, la prueba de que la invasión se había organizado desde aquí», contó Ray a BBC Mundo.

El investigador Tomás Diez Acosta, confirmó las declaraciones de la hija del piloto, afirmando que el dictador hizo todo lo necesario para conservar el cuerpo en perfecto estado.

Janet Ray asegura que a su familia se le informó oficialmente que su padre había perecido ahogado tras la caída de un avión de carga.

Sin embargo, los reportes de prensa de 1961 aseguraron que su muerte ocurrió «trabajando para unos cubanos adinerados en una invasión a Cuba», la versión de los hechos que durante décadas sostuvo Washington.

En 1998, una serie de documentos desclasificados, se especifica que Ray formaría parte de la invasión organizada por exiliados con el apoyo de Estados Unido.

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El día de la misión, cuatro pilotos acompañaron el ataque en dos aviones. Los primeros cayeron al mar, mientras que Ray y su compañero, Leo Baker, aterrizaron de emergencia cerca del Central Australia, donde fueron asesinados por las tropas castristas.

«Al otro, a Leo Baker, no lo conservaron porque se pensó que era cubano, porque era mulato, de piel oscura. Pero con este no había duda que era americano, porque era muy blanco, de ojos azules, alto. Entonces, creo que fue por orden del comandante que se decidió congelarlo», aseguró Diez Acosta.

Pero Janet Ray no se conformó con lo dicho por el gobierno estadounidense y emprendió la búsqueda de su padre, hasta que poco a poco consiguió información sobre el paradero.

Le envió alrededor de 200 cartas durante nueve años a Fidel Castro, pero no obtuvo respuesta. No obstante, por diversas vías pudo confirmar la existencia de cadáver congelado en La Habana.

«Thomas Willard Ray, conocido como ‘Pete’, voló a Cuba para agredir a un país extranjero. Nunca estuvo preso, nunca fue atendido de heridas por médico alguno y si algo debiera agradecer su familia es que frente a la actitud deshumanizada del Gobierno de Estados Unidos, las autoridades cubanas conservaron y protegieron su cuerpo, para que en alguna oportunidad pudiera ser entregado a sus familiares», escribió el sitio oficial Cubadebate en 2004.

Pero fue el 5 de diciembre de 1979, que tras conversaciones entre el Gobierno de Jimmy Carter y Cuba, se logró que el cadáver del piloto fuese repatriado a Estados Unidos.

El régimen cubano lo acompañó de una factura de más de 30.000 dólares con los «gastos por la conservación del cuerpo» durante tanto tiempo.

Al enterrarlo, el cuerpo llevaba una carta de Janet.

«Se la guardé en el bolsillo, sobre su corazón», contó. «Le decía: ‘Quiero que sepas que siempre te necesité y que si tuviera que buscarte de nuevo por otros 18 años, lo haría todo otra vez, porque tanto me diste que me enseñaste el verdadero significado de la libertad. Siempre te amaré’.»

En 1974, la CIA entregó la Cruz de la Inteligencia, su máxima distinción, a Thomas Ray, aunque su familia no lo supo hasta muchos años después.

Cuando Janet Ray escribió a la agencia en 1994, tras conocer que una de las estrellas a la entrada del Pentágono (en honor a militares que han muerto en servicio) estaba dedicada a su padre, le respondieron que era cierto, pero que, en el caso de Pete, se trataba de una «excepción».

La CIA no reconoció su participación en Bahía de Cochinos y que Thomas Ray era uno de sus militares, hasta 1998.

Redacción Cubanos por el Mundo

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