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Carnero degollao de Jorge Legañoa protesta por racismo en EEUU, sin ver la viga que lleva clavada en el ojo

Jorge Legañoa

El carnero degollao de Jorge Legañoa, reconocida oveja del rebaño periodístico con que cuenta Díaz-Canel para levantar la moral del cada vez más diezmado gremio, olvidó la perrísima viga que tiene clavada en el ojo… derecho y se paró delante de las cámaras y micrófonos de la Televisión Cubana a las 7:14 minutos de esta mañana para, sin esta gota de vergüenza, hablar de racismo en los EE.UU. cuando él, perrita fiel del puesto a dedo y viajante connotado por los muchos continentes, jamás, oígan esto, ¡JAMAS! ha criticado el racismo en la isla en la cual vive (cuando no viaja).

Este hombre invisible, siempre fiel y callado, no se le ha visto el pelo ni en Facebook, en ninguna de las muchas veces que diarios cubanos han utilizado viñetas racistas para decir NO ME GUSTA, o ME ENOJA. Es muy probable que JAMÁS le haya dado un LIKE, siquiera uno, a los cientos de post que han escrito en Facebook activistas como La Negra Cubana o la joven periodista Mónica Baró Guerra sobre el racismo solapado y latente en la isla caribeña.

Legañoa vive a la sombra de lo que él cree que es, dándole las gracias a Dios, porque Sergio Gómez Gallo se enamoró de Iramsy Peraza Forte y se fue para China, dejándole el camino expedito para que mal brillara él como lo menos malo del periodismo cubano oficialista, y rezando para que Lázarito Manuel Alonso, el terror de los camarógrafos del ICRT no le siga haciendo sombra.

Legañoa, que nunca ha podido lidiar con su cara de guanajo castrista y tuvo muchísima mala suerte, pésima, aseguran sus colegas de estudios universitarios, en abrirse camino en el arte del himeneo, o del mete y saca, dicen que vive agradecido al apellido, que tiene otra periodista cubana de igual nombre, por lo que cuando la buscan a ella en Google, aparece él, y así se engancha en el motor de búsqueda y coge cierto nombre.

La falta de consecuencia, el estar siempre dispuesto a cumplir las metas que se reducen a una: meter finta de analista internacional (ahora que Sergito no existe, voló, se fue) mientras critica el 99% de las veces al imperio del norte o a la rica Europa, países a los cuáles viaja a cada rato llevando siempre, dos cajas de tabaco y dos botellas ron, mínimo, las cuales vende luego y completa, con la dieta de $20 dólares diarios que le dan para desayuno almuerzo y comida. Vive así, cuando viaja: estirando al máximo, para comprar cuatro pacotillas y traerlas de regreso a la casa socialista y austera en la capital cubana.

Sería interesante, ahora mismo, y metería mi lengua en un inodoro, que Legañoa sacase un Diploma, uno solo, de experto en la lucha antirracista, porque aspirar a encontrar una declaración suya contra las golpizas recibidas por una mujer negra como Bertha Soler, en Cuba, es pedirle peras al olmo.

Ni siquiera Jorge saltó (no lo mandaron) cuando dos cubanas se quejaron en el 2019 en la red social de Facebook por maltratos racistas sufridos, una en un almendrón, otra en un ómnibus urbano, las dos en La Habana, y ahora aprovecha el incidente racista y presunto asesinato de George Floyd para hacer un hábil reporte por lo cual le pagan con 7 gigas de conexión a Internet, un nauta hogar, y más de cien cuc´s mensuales: hablar de lo mal que están las cosas en EE.UU.

Legañoa, no te creemos; no te necesitamos. A hablar del racismo a Camagüey donde naciste.

Hasta tu Victoria Secret.

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