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Carlucho, el punching bag de la TV en Miami, ya no tiene quien le escriba

El comediante y presentador José Carlucho acaba de ser hasta víctima de la elocuencia de un hombre que no habla nunca

Carlucho, el punching bag de la TV en Miami, ya no tiene quien le escriba
Carlucho, el punching bag de la TV en Miami, ya no tiene quien le escriba

El comediante y presentador José Carlucho acaba de ser víctima de la elocuencia de un hombre que no habla nunca: Yoanis, el Yoaaaaaaaaaniiiiiiiiiiissssssssss del show de Alex Otaola, un joven estirado y con nariz de garfio, muy comedido en su actuar, cuyo «personaje», según se desprende de la línea concebida por el inquilino del piso 19 del Flamingo, Alexander Otaola, está diseñado para recibir todas las culpas de «las pifias» en la producción del programa que no lo deja dormir a él: a Carlucho.

El hierático Yoanis ha sacado la cara por el equipo de producción de Hola Ota -Ola , que compone además al inquieto lingual de Sapiraín – especie de productor que interrumpe y aclara ciertos temas en el show; por Luisito, el de los Memes; el tal «Ernesto», Productor General; y por Otaola, claro está.

Yoanis, que en su vida debe haber dicho 60 mil palabras y aguanta estoícamente de Lunes a Viernes los arrebatos de Otaola cuando no salen bien las cosas – a ver, Joseíto, tontico mío, that´s a show per sé -, no soportó las tonterías de Carlucho, un viejo tonto que no acaba de entender ciertas cosas, y le dio una respuesta muy sencilla y comedida sobre el programa, luego de que Joseíto, aburrido, no encontrara de qué hablar y habló del show de Otaola. Que vamos, Carlucho está en su santo derecho a hacerlo.

En este punto hay un detalle fundamental: Carlucho, acostumbrado a trabajar con 20 personas detrás, y recibiendo dinero a troche y moche, no acaba de entender cómo, ni porqué, el programa de Otaola es más popular que el bodrio suyo en Univista TV, cuando en el programa de Otaola apenas son cinco trabajando y sin tantos recursos. Un cuartico de 2×2 en el medio de Brickell, versus su mega estudio no sé dónde carajo.

Sin embargo, ahí están las estadísticas. No los 100 mil suscriptores a los que llegó Univista TV gracias a una fuerte campaña que incluyó la subasta de un auto, sino los llamados «números»; las visualizaciones, que en el caso de Carlucho son tan pocas, y su rating tan bajo en la Mega TV que su única salvación ha sido que Ivan Herrera, el supuesto «visionario» de este proyecto, paga espacio; sino, se hubiese ido del aire. Creánme, yo trabajo en «el medio». Por cierto, Cubanos por el Mundo llegó hace rato a ese número en Youtube, a puro pulmón, y su página de Instagram exhibe casi ya 260 mil suscriptores, sin haber subastado ni un tabaco, de los tantos o pocos que les gusta fumar a Ernesto, el «maceta» de Brickell)

También han salvado el aburrido programa de Carlucho, el camaleónico Pillín, y el ICRT de Cuba, que en una de sus tantas torpezas ideológicas y comunistoides de siempre, le arrojó a los pies a Carlucho, al comediante Andy Vázquez, para que este le levantara el bodrio de su Mesa Redonda Miamense con su personaje de Facundo Correcto, y con una Lina la Jabá que ha opacado a la muy publicitada Magdalena la Pelúa, personaje encarnado por ¿la comediante? Judith González. Judith, que por culpa de Carlucho cada día tiene menos de Pelúa y de Magdalena, se ha convertido en un personaje político, más propio de su botella en Radio Martí. Sí, porque hasta a eso ha hecho Carlucho: trastocar la candidez y la frescura de Magdalena en un monigote activista, lo que a la larga ha jodido el programa.

Por cierto, a Magdalena (entiéndase Judith), me la encontré hace poco en Miami Beach en una lectura de poesía pasándole la lengua a los zapatos de Juan Manuel Cao, y tirándole pullitas a la artivista Ana Olema, mientras se revelaba toda una estudiosa y crítica literaria. ¡Ay, qué cómica ella!

El chisme completo: Ana Olema leyó sus poemas y atrás leyó Cao los suyos del género poesía carcelaria, y Judith, voz en cuello bociferaba: «ESO SI ES POESIA», «BRAVO» y otras estupideces, porque la verdad es que Juan Manuel Cao es un mal poeta, y los conocimientos sobre Poesía de Judith se reducen al «pasarás por mi vida sin saber que pasaste»; o al «puedo escribir los versos más tristes esta noche».

De vuelta a Carlucho… Carlucho ha sobrevivido gracias al personaje que se ha montado en un medio especialmente provechoso, ya saturado, para su reducido talento. Digo reducido porque fuera de ese plató, de esa cara, está frito. No es un Alexis Valdés, vaya, para que se entienda la idea de lo que quiero decirles.

Seamos sinceros: ¿Carlucho escribe guiones humorísticos como Iván Camejo? No. ¿Carlucho es capaz de «reinventarse» (palabrita que a él le gusta) y dar frescura en los nuevos proyectos? No. ¿Carlucho es un tipo especialmente agradable y sincero de donde crece la palma? No. ¿Es un tipo asequible para trabajar? ¿Estudioso? ¿Que escucha? No. Y si tienen dudas, pregúntenle a Ileana Marce, Ariel Mancebo, Erich Concepción, quién es Carlucho, a pesar de que él se gasta repitiendo a cada rato, que le ha tirado el salve a una pila de gente. Incluso a un Carlos Otero que presuntamente le mordió la mano después (vaya Usted a saber porqué)

Carlucho sigue siendo el mismo desde la Cosa Nostra, y han pasado los años y las formas de asumir los audiovisuales para los cuáles él, no está preparado.

Carlucho es un producto Made in Miami, concebido para un determinado público que, cada vez envejece más y es cuestión de tiempo que muera. Estaba muerto en el 41 y parecía que repartiría flyers en el Palmetto – con mucha honra, que conste – cuando Herrera, hábil negociante, se enteró gracias al disidente, opositor y ahora youtuber Eliécer Ávila, que existían los Facebook Live y le dio el espaldarazo a su viejo amigo con este proyecto que pretendía ¡creyeron ellos!, darle un golpe de estado a la TV diseñada para cubanos en Miami (entiéndase a Vasallo y el 41, rivales a muerte de Carlucho)

El principal problema con este Univista TV fue ese: salió inflado, inflando y apurado, con un Carlucho desgastado; creyendo que los millones de Iván terminarían salvando o arrastrando a todos hacia la bonanza (en esa gata cayó Omar Moinelo, que le dio la mala a Jean Michel y Maria Karla en el Arañazo Online, y se fue hacia UnivistaTV) y creyéndole cualquier cuento a cualquier mediocre que se hizo pasar por bárbaro en las redes sociales y que tenía no sé cuántas páginas con miles de suscriptores para «esparcir contenido»; gente a los que Carlucho defendió llamándolos «muy buenos y profesionales». Algunos, supongo que sean buenos de verdad; otros más que buenos son hábiles para tenerlo engañado, algo que no debe ser muy difícil pues Carlucho no debe saber ni qué carajos es el Ninja Blaster, ni qué cosa es un API o un TOKEN.

El programa de Carlucho surgió creyendo que, eventualmente, opacarían o comprarían a Otaola y arrastrarían hacia – sabe Dios dónde quedan los estudios de Univista, no me interesa -, al carismático y popular Alex junto a su equipo de cuatro gatos. Por cierto, uno de esos gatos, «Ernesto», vale cien millones de pesos más que cualquier clickero y picavideos de Facebook de los que contrató el hábil Iván, quien por cierto, al final terminó dándole la mala a Eliécer Ávila en un proyecto que este le propuso de programa por las redes sociales.

Pasó el tiempo y pasó, y a Carlucho no le ha quedado más remedio que seguir su especie de Mesa Redonda humorística – como si ya no tuviésemos bastante con la de Randy Alonso – y vivir pendiente de lo que dice Otaola a las 5 y media para hacer él su show horas más tarde; analizando lo mismo de otra manera, sin conocimientos de historia o sociología; con menos histrionismo, o enganchándose de la cola de Otaola, y mordiéndola para que los fans de este vengan a su programa, y así poder mostrar «estadísticas» a los anunciantes. Y ayudar a Iván con el pastón que se gasta.

En el argot popular existe una frase: «Date un respetón, Carlucho». Uno puede triunfar, un tiempo, vivir años de gloria y luego, casi inexorablemente, sucumbir. Es la ley de la vida. Le sucederá a Otaola también, quizás, con su show. Y Otaola tendrá que reinventarse como ya hizo, si lo hace. Tú, aún, no te has dado cuenta que tienes que hacerlo.

Si no te lo supiste dar cuando calentaste durante varios días al público, con tus críticas al senador Marco Rubio para luego, sucumbir como prostituta televisiva cuando lo tuviste delante una semana después, en tu show y le hiciste cuatro preguntas tontas, no es culpa de Otaola. Ni de la gente de SomosMiami TV. En eso hay un trecho enorme que deberás un día comprender y entender: no tener dueño, es lo que ha hecho a Otaola más auténtico. Tú, Carlucho, no sabes ser libre. No respondes a tú público, como Alex; respondes a quién te paga. Antes era Vasallo; ahora es Iván Herrera.

Ese modus operandi de vivir pendiente del otro, victimizándote en la TV, sacando en cara lo que hiciste y haces a cada rato por los cubanos en la frontera y los cubanos apergollados por el castrismo en Cuba, a la larga, no te hace bien. ¿Se te agradece? Sí, y mucho, pero está mal visto ese lloriqueo y lamentos de «Pobrecito, todos están contra mí», «Yo soy bueno», yegua en la que a cada rato te montas para enganchar dos o tres corazones incautos de ancianos melosos y confundidos. La típica gente que como dice el refrán «no te conoce».

¡Haz tu programa, compadre! ¡Escucha a la gente, compadre! Tú, acaba de entenderlo de una vez, no tienes la verdad absoluta de nada (nadie la tiene) porque mal que te pese y te pesará toda una vida, no estudiaste mucho. Eres un advenedizo que no estudió y que un día cayó de fly en Miami; y enganchó.

Y se rodeó de gente talentosa, ¡qué bueno! fue un soplo de aire fresco, sí; pero, «se finí», murió la flor, ya la plata no cae como antes y la TV no es lo que antes era.

Eso que tú hacías no funciona ya. Entiéndelo. ¿Por favor?

pd. no salgas llorando y respondiendo a esto. Be humble, and keep quiet. Mejora tu programa.

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