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Los más vulnerables de frente a la COVID-19 en Cuba: los ancianos

Algunos adultos mayores le tienen más temor a morir de hambre que pro la pandemia

Los más vulnerables de frente a la COVID-19 en Cuba: los ancianos
Los ancianos son más vulnerables ante el COVID-19 no solo por estar el el grupo de alto riesgo de la pandemia, sino también por la crisis económica/Foto: Nohema Díaz Muñoz/ Invasor
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Con la crisis sanitaria en Cuba por la pandemia del COVID-19, la población en general se ha visto profundamente afectada, pero los ancianos son los más vulnerables no solo por ser pacientes de alto riesgo si llegan a contagiarse, sino también por los problemas económicos que deben enfrentar.

Un artículo publicado por el Institute For War and Peace Reporting (IWPR), cuenta la historia de varios adultos mayores, que pese a los peligros a os que deben hacerle frente por la situación epidemiológica, deben salir a la calle a buscar ganarse la manera de vivir.

Francisco González, un hombre de 85 años, residente Holguín, camina con su bastón a diario al menos seis kilómetros para vender bolsas que él mismo elabora de la palma Yarey, para quienes transportan sus productos alimenticios.

Ilustración: IWPR
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Con el alto costo de la vida en Cuba, Francisco apenas recibe una pensión mensual de 310 pesos cubanos (equivalente a 12 dólares estadounidenses), lo que no le alcanza para vivir.

Por su crítica situación económica, pese a que este anciano integra la categoría de pacientes de alto riesgo frente al coronavirus, el régimen no le presta ningún apoyo que le permita cubrir sus necesidades básicas, por lo que tiene que salir de manera casi que obligada a vender las bolsas.

“El médico me dijo que no saliera (…) Tuve que quedarme en casa por mi edad, pero la necesidad me obliga a salir”,

dice González.
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A pesar del grave riesgo para su salud, la pobreza y la escasa provisión de atención social significa que miles de adultos mayores en Cuba deben seguir buscando formas de complementar sus ingresos en medio de la pandemia.

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Es de resaltar que, con el brote de la pandemia, La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que la edad es un factor influyente en las muertes por coronavirus.

Cuando la enfermedad llegó a Cuba, la gran cantidad de ancianos residentes en la isla era lo que preocupaba a la población por ser estos los más vulnerables ante el COVID-19 en el país. Hasta la fecha, el 70 por ciento de las muertes a causa del coronavirus se han registrado en pacientes mayores de 65 años; las cuatro muertes de la provincia de Holguín, fueron en ancianos mayores de 65 años.

La Isla es uno de los países más antiguos de la región, debido a la baja tasa de natalidad, aunado al creciente número de jóvenes que se van de Cuba, huyendo de la persecución, represión y para tener una mejor calidad de vida; por lo que al menos uno de cada cinco cubanos supera los 60 años.

El desabastecimiento y la crisis económica agrava el problema sanitario, ya que los cubanos de avanzada edad que apenas perciben pensiones exiguas y programas de atención social débiles; deben salir a trabajar por no tener familiares que les tiendan la mano o a alguien en el extranjero que les envíe dinero.

Como la de González, en Cuba hay cientos de historias de personas mayores que deben salir a ganarse la vida en la calle, vendiendo periódicos y dulces o realizando otros trabajos ocasionales.

Tal es el caso de Jorge Rodríguez, de 80 años, quien sale a diario a distribuir cigarrillos, los cuales compra por paquetes en las tiendas estatales por ocho pesos (30 centavos de dólar) el paquete y los revende.

“Vendo un paquete por 12 pesos (…) No es mucho lo que gano, pero me las arreglo”,

explicó Ródríguez.

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Rodríguez necesita los ingresos adicionales, ya que las bajas pensiones oscilan entre solo 242 pesos (10 dólares) y 500 pesos (21 dólares) al mes; siendo esta una cantidad inferior a la que requieren cada cubano para subsistir, tomando en cuenta los productos a precios subsidiados, los cuales llegan a la tienda de vez en cuando en Cuba, por lo que la población debe pasar largas horas en colas.

La casi inexistentes políticas gubernamentales de protección a los adultos mayores, mediante redes de comedores comunitarios; no sirven para cubrir la demanda en la provincia de Holguín. el Family Care System (SAF), que se encarga de ofrecer comida a los más pobres, pero no recibe fondos suficientes. Con 5.800 beneficiarios en a provincia, de los cuales 3.000 son personas mayores, no alcanza para abastecer a los 210.000 cubanos mayores de 60 años en la provincia.

Foto: Tomada de ACN

Según la información ofrecida en datos oficiales, programas sociales como SAF solo tienen la capacidad para atiende a uno de cada mil personas en Holguín, mientras que los hogares de ancianos solo a cuatro de cada mil personas mayores de 65 años.

La pandemia del COVID-19 ha hecho más vulnerables a los ancianos, y ha ejercido mayor presión quienes deberían haberse jubilado hace años, que en medio de la situación actual, menos han logrado hacerlo.

En este sentido, Romarico Aguilar de 81 años, ha tenido que salir a trabajar de nuevo como afilador de tijeras y cuchillos, labor a la que se dedicó por más de 40 años.

“Tengo que trabajar porque la vida se ha vuelto muy cara, así que tengo que seguir trabajando”,

expresó el hombre que integra al grupo de personas vulnerables ante la COVID-19.

Los ancianos cubanos, afirman que tienen más temor a morir de hambre que a contagiarse de coronavirus, incluso, algunos afirman no sentir miedo a la pandemia después de una vida en Cuba

Un anciano que decidió permanecer en anonimato para la nota del IWPR, dale a vender un periódico castrista por un peso cada ejemplar. Todos los días se ubica en el mismo lugar del bulevar de la ciudad, sitio altamente concurrido, que lo hace aún más vulnerable a contraer COVID-19.

El hombre de 66 años,además sufre de presión arterial, otro de los factores de riesgo ante el virus. Aunque hoy trabaje vendiendo periódicos, durante años laboró como asistente de mecánico hasta su jubilación y ahora recibe una pensión de 280 pesos (diez dólares) mensuales.

“Al principio vendía maní, pero eso es un trabajo duro y mi salud no era muy buena (…)Ahora vendo periódicos. Si no trabajo, me moriré de hambre”,

expresó.

Written by Lorena Urbina

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