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Fernando Bécquer: el trovador revolucionario, alquila ilegal y es rescabuchador

Fernando Bécquer alquila ilegalmente un cuarto en su apto de 13 y C. Fue sorprendido masturbándose, mientras oía gemidos fake de una pareja de lesbianas, que lo grabaron y todo.

Fernando Bécquer: el trovador revolucionario, alquila ilegal y es rescabuchador
Fernando Bécquer: el trovador revolucionario, alquila ilegal y es rescabuchador
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Fernando Bécquer, ese reconocido acosador de jovencitas universitarias con un largo curriculum de depredador en becas como F y 3ra o 12 y Malecón; ese trovador revolucionario que ahora parece defender una Revolución que no solo nunca defendió, sino que nunca apoyó y jamás tiró un chícharo por ella, defendió en días pasados la injusta decisión del MINREX de prohibirle la entrada a Cuba. a la joven periodista Karla Pérez González.

Bécquer, entre muchas “ideas” salidas de su cabeza expresó algo como “algo hizo esa muchachita” y más adelante dijo “todo el mundo debe ser responsable de sus actos”, y como él mismo lo ha dicho, pues vengo yo con esta historia, tan real como que le sucedió a mi prima y no hace mucho.

En espera que salga a la luz las andanzas acosadoras de Fernando Bécquer pronto, que no es otra cosa que una copia de otro trovador acosador de jovencitas universitarias como lo es Ariel Díaz, pues ahí les voy con el cuento, que por algo me llamo Sergio Prado y me dicen el Rey del Chuchuchú; porque todo lo que digo es más cierto que la certeza misma, aunque a veces no tenga una prueba. No importa, Humberto López tampoco las tiene y Fernando Bécquer, anormal como siempre ha sido y de poca materia gris se cree los cuentos del acaparador de pollo y aceite.

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Mi prima, universitaria, oriental, es lesbiana. Su pareja, una chica habanera la llevó hace poco a conocer al trovador Fernando Bécquer. Entre una muela por aquí y otra por allá, salió a relucir el hecho de que ambas necesitaban alquilarse y Fernando, solícito, les habló de un apartamento que él posee, propiedad horizontal en 13 y C.

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El trovador cubano Fernando Bécquer aseguró que gracias al llamado “máximo líder de la Revolución” surgió el movimiento de la Nueva Trova

“No se preocupen, yo les alquilo un cuarto, pero vivirán prácticamente solas, pues yo me voy a ir a vivir con mi mamá,” les dijo Fernando Bécquer.

Bécquer las llevó a ver el apartamento y una vez allí, les habló del otro cuarto; del primero, el que más cerca está de la puerta de la calle; el cuarto que no alquilaría.

“Aquí tengo yo mis santos y mis guerreros. A cada rato vengo aquí, pero poco. Uds tranquilas que yo las voy a molestar lo menos posible,” les aseguró el trovador a mi prima y su pareja.

“Otra cosa, les explicó. Uds. saben que esto es ilegal, por debajo del telón, que yo no le pago nada a la ONAT de p… esa. Esto es un favor que les estoy haciendo. Uds. me pagan a mí y no le dicen a nadie. Todo el mundo callao y contento.”

“Yo nada más que vendré por aquí cada 15 días a consultarme. Las molestaré lo menos posible,” les aseguró.

La propuesta le pareció excelente a mi prima y su novia. Un cuarto en un apartamento propiedad horizontal en 13 y C. O más bien, un apartamento entero, porque la otra persona, el propietario, Fernando Bécquer, solo vendría cada 15 días… ¡wow! eso no se da todos los días: pagar por un solo cuarto y tener la casa entera a tu disposición.

Sin embargo, Fernandito incumplió con parte de su palabra con el devenir de los meses. ¿Les dijo cada 15 días? Falso, comenzó por ir todas las semanas.

Al principio mi prima y su pareja no dijeron nada, a fin de cuentas Fernando Bécquer era el propietario del apartamento. Era lógico que viniese; pero ellas notaban que pasaba algo raro.

“Entraba sigiloso. Muy sigiloso; demasiado,” me contó mi prima vía telefónica.

“Empezamos a sospechar de su bondad. Venía cada vez más seguido; 2 y 3 veces por semana. Abría la puerta con mucha cautela y luego cerraba la puerta rápido y más rápido aún se colaba en el cuarto. Evidentemente no quería que notásemos que él estaba dentro. Y nosotros no oíamos sonar un caldero ni menearse una maraca.”

Uno de esos días en que Fernando Bécquer fue al apartamento, sorprendió a la pareja de mi prima saliendo del baño en cuero a la pelota. Para ellas dos, fue demasiado. Evidentemente Fernandito estaba puesto para el daño y entre ambas idearon un plan para atraparlo in fraganti.

Fernando Bécquer es sorprendido rallando la zanahoria

Un día mi prima y su pareja se cansaron de las visitas frecuentes de Fernando Bécquer al apartamento de 13 y C; y al otro día lo sintieron nuevamente entrando a su casa tan “precavido” como de costumbre.

Entonces, pusieron en marcha el plan.

“Mi pareja lo había ideado todo. Ella y yo, al ratico comenzamos a gemir como si estuviésemos haciendo el amor. Era evidente que nos espíaba; pero más de una mes revisamos la pared centímetro a centímetro y no encontramos ni un hueco,” explicó mi prima vía telefónica.

“La sala tiene un pasillo largo que va al cuarto donde estábamos nosotras, que es el cuarto pegado a la cocina. Ella siguió gimiendo y yo me paré, salí del cuarto con el celular en la mano y fui al cuarto donde estaba Fernando con sus santos.”

“Abrí la puerta tan despacio como solo podemos hacerlo nosotras, las mujeres; y ahí estaba: con el oído pegado a la pared, ojos cerrados, rallando la zanahoria. O sea: masturbándose con el sonido de mi pareja que fingía estaba templando conmigo. Estaba tan extasiado con la yuca prieta esa en la mano que ni cuenta se dio que lo estaba filmando. Primo, no te mando el video porque no tengo megas, pero créeme: fue así.”

Al otro día, mi prima y su pareja recogieron los cuatro tarecos que tenían en la casa de Fernando Bécquer y se largaron de allí, más que nada decepcionadas de un hombre que se fingió la solución al problema de ellas con el alquiler en La Habana, y resultó ser, más que un trovador revolucionario, un vil pajuso, marihuanero – de toda la vida – y rescabuchador.

Written by Sergio Prado

Sergio Prado es Licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana. Nació en el año 1966 y ejerció importantes funciones dentro del periodismo en Cuba hasta que se marchó del país en el año 2004. Completó en España y México varios doctorados y maestrías.

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