Parece ser que la empresa privada y la vida en el capitalismo, tan vilipendiados durante décadas por el Caga Andante en Jefe, no eran tan malas como las pintó él y la plebe que siguió sus tontas ideas y enunciados políticos.
En un reciente artículo publicado en el periódico oficialista “Victoria”, se aborda la preocupante tendencia de profesionales cubanos que abandonan sus cargos en el sector estatal para migrar al sector privado – o incluso salir del país – en busca de mejores oportunidades económicas.
El diario recoge, entre otras, la historia de Alberto, un joven economista que decidió montar una barbería en su hogar debido a la insuficiente remuneración en su trabajo estatal. A pesar de su pasión por la economía, las dificultades económicas lo llevaron a buscar alternativas más lucrativas.
También menciona a Miguel Osvaldo Pérez Ramos, con 18 años de experiencia como Licenciado en Imagenología, quien dejó el sector de salud pública para probar suerte en el ámbito privado. Las limitaciones salariales y las dificultades para conciliar su trabajo con actividades paralelas para mejorar sus ingresos fueron factores determinantes en su decisión.
Se puede leer también el peculiar caso de José Antonio Monzón Ebanks, licenciado en Lengua Inglesa con más de 20 años en el turismo, quien decidió abandonar el sector debido a las crecientes dificultades y la falta de estímulos para los trabajadores. Ahora, Ebanks trabaja como albañil, una profesión que, aunque no ofrece las mismas condiciones laborales, ha mejorado su situación económica.
La historia de José Antonio Monzón Ebanks refleja una ironía en la evolución económica de Cuba.
Tras el colapso de la Unión Soviética en 1990, Cuba enfrentó una crisis económica profunda, conocida como el “Periodo Especial”. En respuesta, el turismo emergió como una salvación económica para la isla, atrayendo inversiones y generando empleo. Durante este auge, muchos profesionales, desde licenciados hasta ingenieros, vieron en el turismo una oportunidad dorada, abandonando sus campos originales para beneficiarse de las ventajas económicas que ofrecía este sector. Las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias) y el MININT (Ministerio del Interior) no fueron la excepción, con licenciados de estas instituciones también migrando hacia el turismo.
Sin embargo, el caso de Ebanks muestra un giro completo en esta tendencia. A pesar de su extensa experiencia en turismo, razones ajenas a su voluntad ya mencionadas, y la disminución significativa de la llegada de turistas a la isla, lo llevaron a abandonar el sector. Su transición a albañil, aunque sorprendente, refleja una búsqueda de estabilidad económica, incluso si eso significa dejar atrás una carrera de dos décadas rodeado de ciudadanos extranjeros, con las lógicas prebendas y beneficios que esto seguramente le reportaba.
Este cambio en la trayectoria de Ebanks puede ser indicativo de transformaciones más amplias en la economía cubana, donde el turismo, una vez visto como el salvador económico, ya no ofrece las mismas promesas de prosperidad para todos.
El artículo del medio oficialista destaca que, a pesar de los esfuerzos del Estado por mantener subsidios y gratuidades, la vida en Cuba se ha vuelto cada vez más costosa. La inflación, el aumento de precios y la devaluación del peso cubano han llevado a muchos profesionales a buscar alternativas fuera de sus campos de estudio. Las estadísticas muestran un crecimiento en el sector no estatal, lo que plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de la empresa estatal socialista y del socialismo en si mismo, que en el caso cubano y en todos los casos históricamente conocidos, ha sido un absoluto fracaso.
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