El drama de la migración cubana ha vuelto a mostrar su cara más cruel con el caso de Vivian Limonta, una mujer que fue deportada recientemente de Estados Unidos junto a otros 47 compatriotas. Al llegar al Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana, Limonta fue recibida con un comentario que ejemplifica el trato que muchos migrantes enfrentan al regresar a la isla: “Me alegro de todo lo que han pasado”, le dijo un oficial de inmigración. Esta frase, lejos de ser un acto de compasión, reflejó el desprecio con el que las autoridades cubanas tratan a quienes intentaron buscar un futuro mejor fuera del país.
Así lo reseña en una nota el portal 14ymedio, en la cual conversa con Vivian Limonta, madre de un niño con hiperactividad y déficit de atención, que no pudo evitar la deportación a pesar de estar casada con un ciudadano estadounidense.

El matrimonio, que habría sido una vía de protección en otros casos, no fue suficiente para evitar el retorno forzado a un país que ella y su familia consideraban opresivo.
“Estoy destrozadísima. Estoy sin palabras”, expresó Limonta en una entrevista con Univisión, reflejando el impacto devastador de la deportación en su vida.
Limonta había sido beneficiaria de los Protocolos de Protección a Migrantes, una iniciativa implementada por Estados Unidos en 2019 para gestionar la migración desde México.
Sin embargo, un contratiempo le impidió asistir a una cita crucial en la corte en 2020, lo que resultó en la emisión del formulario I-220B de libertad condicional, que finalmente condujo a su deportación. A pesar de los esfuerzos de su abogado y de su esposo Osmani Pérez, residente en Estados Unidos desde hace 31 años, los recursos legales fueron insuficientes para detener el proceso.
Osmani Pérez, quien luchó incansablemente por evitar la deportación de su esposa, incluso recurriendo a la oficina del congresista Carlos Giménez, expresó su profunda decepción.
“Nunca pensé que el Gobierno de Estados Unidos me fuera a separar de mi hijo así y a deportarme”, lamentó Limonta. Pérez, por su parte, manifestó su frustración con el sistema, que a su juicio debería priorizar la unidad familiar, especialmente en casos tan delicados como el de su esposa.
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La situación de Vivian Limonta no es un caso aislado. Olga Díaz, de 84 años, y su hija Nilda Cordero, quienes llegaron a Florida junto con otros 19 balseros, también enfrentan la amenaza de la deportación. Aunque Díaz ha logrado quedarse temporalmente con su familia mientras se resuelve su situación, su hija permanece detenida en el Centro de Detención para Migrantes de Broward, el mismo centro donde estuvo Limonta antes de ser deportada.
El abogado de inmigración Eduardo Soto, que representa a Díaz y Cordero, ha señalado que la situación es “complicada”, pero mantiene la esperanza de que la justicia prevalezca y ambas puedan quedarse en Estados Unidos.
El Gobierno de Cuba ha recibido a más de 1.000 migrantes deportados desde diferentes países en lo que va del año, en un contexto donde las medidas contra la migración irregular se han endurecido.
Desde junio de 2024, los balseros enfrentan nuevas y más estrictas penalidades, incluyendo la imposibilidad de solicitar asilo y una prohibición de ingresar a territorio estadounidense por al menos cinco años.