La madre cubana, Mayra Ruiz, se despierta cada día esperando noticias de su hijo Maiquel González, quien desapareció el 20 de diciembre de 2022 junto a 28 familiares y amigos cuando intentaba llegar a Florida como balsero, en una embarcación casera.
Desesperados por huir de la crisis en la isla, optaron por arriesgarse en el estrecho de Florida, uno de los cruces migratorios más peligrosos del mundo.
A pesar de que han pasado casi dos años, Ruiz sigue sin recibir noticias concretas.
“Mi corazón de madre me dice que él está vivo, pero no escuchar nada es una tortura”, confiesa a Reuters.

González, como muchos jóvenes cubanos, soñaba con una vida mejor para su familia. Sabía que no podía permitirse pagar los casi $5,000 para viajar a Nicaragua y luego cruzar la frontera estadounidense, una ruta común entre los migrantes cubanos. Por ello, cuando surgió la oportunidad de cruzar el estrecho en una balsa por menos de $200, la tomó sin dudar, a pesar del riesgo incalculable al que se enfrenan los cubanos desesperados por salir de la dictadura.
El Estrecho de Florida, con fuertes corrientes y aguas llenas de tiburones, es extremadamente peligroso.
Según la ONU, las muertes en estas rutas han aumentado un 20% en los últimos años, pero los “naufragios invisibles”, como el de la balsa de González, no siempre se registran, lo que sugiere que la cifra de desaparecidos es mayor de lo que se reporta oficialmente.
A pesar de los esfuerzos de las autoridades, no se ha encontrado rastro de la embarcación ni de sus tripulantes.
Muchos familiares, como la madre de Maiquel González, aún esperan con fe, mientras otros, lentamente, empiezan a aceptar que sus seres queridos pudieron haber perecido en el mar.
Estos casos ocurren con frecuencia a las familias cubanas que despiden a sus seres queridos porque deciden tirarse al mar, a pesar del peligro para buscar mejor calidad de vida para su familia en otro país.
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Redacción Cubanos por el Mundo