A varios días después del devastador paso del huracán Rafael, los residentes de Artemisa enfrentan una dura realidad.
Este es el desafío de sobrevivir en medio de la devastación y la escasez, mientras enfrentan las dificultades diarias con las consignas optimistas oficiales.
La cubana Ana Márquez Crespo, de 80 años, aseguró que el impacto fue devastador.
Perdió el techo de su sala y cocina, y aunque ella y su nieto se refugiaron en la casa de un vecino seguro, ahora teme por su futuro.
“Doy gracias a Dios porque mi familia está bien. Ahora vamos a ver cómo sobrevivimos. Sin electricidad ni agua, con la comida echada a perder y sin gas para cocinar, la situación es difícil”, explicó a Diario de Cuba.
El ciclón dejó a su paso filas de postes de electricidad y torres de transmisión eléctrica de alta tensión derribadas, en la ciudad y sus alrededores.
El cubano Roberto Acevedo, quien vive cerca del cruce ferroviario hacia Pinar del Río, señaló los daños en la vía férrea y el peligro que supuso el canal cercano, aunque afortunadamente no se desbordó.
“Pensé que se iba a repetir la desgracia de hace un siglo con otro accidente de trenes, pero nos salvamos de milagro”.
En el entronque de Artemisa con la autopista nacional, la fuerza de los vientos destruyó estructuras de 220.000 y 110.000 voltios, afectando a la provincia y a gran parte de Pinar del Río, que aún siguen sin electricidad.
Mayabeque y La Habana también reportan amplias zonas sin corriente, dejando una buena parte de estas provincias sin agua.
Uno de los daños más notables en Artemisa fue el de la fábrica de baldosas, donde casi todas las instalaciones perdieron el techo.
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Redacción Cubanos por el Mundo