Las perversas autoridades del penal Kilo 8 en Camagüey, mantienen al preso político Jimmy Johnson Agosto en un limbo mortal, con su estado de salud sumamente comprometido.
Mientras un médico le niega una remisión hospitalaria argumentando que requiere autorización del jefe de la unidad, este último, el teniente coronel Juan Miguel Sánchez Duarte, se la deniega con el pretexto de que “eso no era por la libre” y que la orden debe venir del galeno.
La denuncia sobre esta tortura médica la realizó el propio Johnson Agosto mediante una comunicación telefónica con el medio independiente CubaNet, una conversación que tuvo lugar el pasado lunes 17 de noviembre y que expone la crítica situación que enfrentan los disidentes en las cárceles cubanas.

Esta deliberada negligencia se prolonga desde hace más de siete meses, un tiempo durante el cual el preso político soporta un cuadro clínico alarmante que incluye falta de aire, un dolor constante en el pecho, calambres en su brazo izquierdo y una presión arterial completamente descompensada, sin recibir un diagnóstico claro por parte del personal médico de la prisión.
A su delicada condición se suma un historial de epilepsia y el desarrollo de una gastritis dentro de la prisión, para la cual le indicaron omeprazol y metoclopramida, fármacos que, al igual que las inyecciones de Truabin, complejo vitamínico B y Metocarbamol prescritas para sus otros síntomas sin siquiera un dictamen, tuvieron que ser costeados y suministrados por sus familiares ante la total inexistencia de medicamentos en el penal.
Este castigo cruel se enmarca en la represalia del régimen por su participación en una protesta en Nuevitas, donde fue arrestado en agosto de 2022 y sentenciado a 13 años de cárcel bajo el fabricado delito de “sabotaje” por apedrear las oficinas de la Unión Eléctrica, una reacción ciudadana a un apagón que superaba los dos días.
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La vida de Jimmy Johnson Agosto, un joven custodio del reparto La Gloria, pende de un hilo no por la justicia, sino por una calculada política de exterminio lento a la que el régimen somete a quienes se atreven a disentir, convirtiendo las prisiones en centros de tortura donde una enfermedad se transforma en una sentencia de muerte.
Redacción de Cubanos por el Mundo