Hoy, sábado 3 de enero del 2026, amanecimos con el supuesto arresto de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos. Más allá de la veracidad de esas versiones, hay una pregunta que pocos se han detenido a analizar con seriedad:
“¿Si algo así ocurriera, ¿Maduro habría sido arrestado o se habría entregado?
Pensar en una entrega voluntaria resulta, en la práctica, poco creíble. Maduro no es simplemente un presidente que puede abandonar el poder y salir del país sin consecuencias. Su permanencia no depende solo de su voluntad, sino de una compleja red de intereses militares, políticos y extranjeros que lo rodean y, al mismo tiempo, lo condicionan.
Salir del poder habría significado exponerse a riesgos reales. Dentro del propio chavismo existen figuras con peso y ambición, como Diosdado Cabello, cuya influencia sobre sectores armados y políticos ha sido ampliamente documentada. A esto se suma el papel del régimen cubano, cuyos servicios de inteligencia han tenido presencia directa en los anillos de seguridad del poder venezolano durante años.
Maduro no gobernó solo ni libremente. Estuvo custodiado, asesorado y vigilado. En ese contexto, una renuncia, una huida o una entrega habrían podido interpretarse como una traición, con consecuencias fatales.
Esta realidad explica por qué, mientras Maduro y su esposa se mantuvieron en el poder, nunca hubo espacio para que salieran a la luz verdades completas sobre temas sensibles como el Cartel de los Soles, el tráfico de drogas a gran escala, las alianzas con actores irregulares, o el presunto apoyo logístico y político a organizaciones vinculadas a Irán.
Todo esto no puede analizarse sin mencionar el rol del régimen castrista, que durante décadas ha exportado su modelo de control político y de seguridad a otros países del hemisferio, usando la dependencia, el miedo y la lealtad forzada como mecanismos de poder.
Más que hablar de arrestos o entregas, lo que vale la pena reflexionar es esto:
Maduro no era un actor libre, sino una pieza dentro de un sistema que no permite salidas limpias. Y mientras ese sistema exista, la verdad completa seguirá siendo rehén del poder.