Leandro Miguel González Pérez, agente de la Seguridad del Estado en Santa Clara, volvió a circular en redes esta semana no por un nuevo acto de represión, sino por algo que, en el contexto cubano, roza la sátira involuntaria: su presunto interés en emigrar a España, donde asegura una fuente de Cubanos por el Mundo “tiene una jevita”.
El mismo hombre que se hizo conocido tras sorprender por detrás e inmovilizar por el cuello a la activista Saily González Velázquez durante una transmisión en vivo que esta hacía desde su natal Santa Clara, y que ha sido señalado también por el activista exiliado Jonathan López, por su participación en arrestos y actos de repudio durante el 11 de julio de 2021, aparece ahora interesado en el capitalismo salvaje con planes de salida del país e irse a vivir una vida futura lejos del sistema represivo que ayudó a sostener. Nada más y nada menos que a la Madre Patria.
El episodio contra la activista Saily González, acontecido en junio de 2022, no fue el único que tiene en su expediente contra ella. González Pérez la atendía directamente y en su historia represivo aparecen otras detenciones arbitrarias, vigilancia constante y actos de repudio organizados en su entorno.
Sin embargo, el más famoso de sus actos “viriles” fue aquel, por la técnica de estrangulación ejercida contra Saily mientras ella denunciaba en directo un operativo policial cerca de su casa. Gónzalez Pérez ha sido denunciado como agente del aparato de contrainteligencia del Ministerio del Interior en Villa Clara y como tal está identificado en sitios webs que se dedican a documentar las generales de estos represores castristas.
Diario de Cuba señala como nota si se quiere no ya sarcástica, sino absurda, que meses después de que todo el barrio donde vive y media ciudad de Santa Clara lo viera en vivo y en directo ejerciendo tal grado de violencia física contra una mujer, fue propuesto por el régimen como candidato a delegado de circunscripción en Santa Clara, dentro del proceso electoral municipal.
Su biografía oficial lo describía como un joven “trabajador ejemplar”, graduado en la especialidad de Contrainteligencia, con varias medallas por “servicio distinguido” y una distinción denominada Elogio de la virtud.
En esa elección, que como tantas otras, el régimen cubano califica como “las más justas del mundo”, nada decía en realidad de los abusos cometidos contra Saily y otras personas, además de al menos una pareja anterior, según información a la que tuvo acceso Cubanos por el Mundo.
La nominación a Delegado se equiparaba así, quizás, a la de un candidato muy famoso que tuvo la ciudad de Cienfuegos en el año 1997, de quien todo el mundo sabía que pegaba a la mujer y era fanático a meterse con las menores de edad que, camino a la secundaria “Frank País” tenían que pasar obligatoriamente todos los días por el frente de su casa. Si hago este paréntesis con esta otra historia, es para que los lectores tengan una somera idea de cómo pueden ser los delegados cubanos, que lejos del interés de ejercer la representación popular más bien cumplen órdenes “de arriba”, por su labor vinculada al régimen en alguna que otra esfera de la vida política y social; o militar, como es el caso de Leandro.
La imagen provoca indignación: un represor aspirando a integrarse en una sociedad democrática europea y beneficiarse de todos los derechos en España, país al que miles de cubanos han emigrado en los últimos años huyendo de la crisis económica y la falta de libertades. Quien sabe si allá se encuentre con alguno que pueda, en alguna de las tantas instituciones ibéricas encargadas de tramitar esos casos, denunciarlo y que lo devuelvan a vivir al régimen represivo que él, con su día a día, ayudó a sostener.
El caso resume una paradoja recurrente: funcionarios del aparato represivo que, mientras persiguen a otros por “mercenarismo” o “desafección”, terminan buscando refugio en el mismo sistema que el discurso oficial demoniza. En este escenario, la pregunta no es si González Pérez podrá emigrar, sino cuántos como él ya lo han hecho sin rendir cuentas por la violencia ejercida.