El próximo 15 de enero marcará el retorno a la isla de los restos pertenecientes a los 32 cubanos que murieron en Venezuela, una maniobra que la dictadura castrista organiza bajo la fachada de un homenaje heroico para repatriar a quienes actuaron como mercenarios y brazo armado en defensa de un narcorégimen.
La información fue difundida por los órganos de propaganda del Comité Central del Partido Comunista, el cual intentó disfrazar la neutralización de sus agentes ilegales calificándola como un “ataque criminal” en sus boletines oficiales.
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Vale la pena recordar que estos decesos ocurrieron durante el contundente operativo estadounidense que logró la captura del dictador Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, un suceso que terminó de confirmar por la vía de los hechos la injerencia militar activa de La Habana en Caracas, desmintiendo años de negación oficial sobre la presencia de tropas cubanas en el país sudamericano.
Para la recepción de los cuerpos, la cúpula diseñó un macabro espectáculo político que comenzará en el Aeropuerto Internacional José Martí, desde donde trasladarán los féretros hacia la sede del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR) en la Plaza de la Revolución, obligando a los ciudadanos a congregarse a lo largo de la Avenida Rancho Boyeros para simular un duelo popular.
El cronograma del régimen contempla extender el circo propagandístico hasta el viernes mediante la realización de ceremonias de inhumación simultáneas en todas las provincias y una concentración en la Tribuna Antiimperialista, actos con los que pretenden validar la narrativa de que estos mercenarios cubanos cayeron como “combatientes” cuando en realidad fungían como el anillo de seguridad de un tirano.
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Este funeral se produce mientras resuenan las advertencias del presidente Donald Trump sobre el corte definitivo del subsidio petrolero que Venezuela enviaba a la isla a cambio de seguridad, lo que deja al descubierto el carácter transaccional y parasitario de la relación que llevó a estos individuos a morir defendiendo intereses económicos de la élite comunista.
Ante la debilidad expuesta por la pérdida de su colonia estratégica, el MINFAR reaccionó con amenazas vacías en redes sociales apelando a la obsoleta doctrina de la “guerra de todo el pueblo”, asegurando que la isla sería una “trampa” para cualquier “invasor” en un intento desesperado por proyectar fortaleza mientras repatrian los fracasos de su mal llamada política exterior injerencista.
Redacción de Cubanos por el Mundo