La dictadura castrista patalea tras conocerse que Estados Unidos está evaluando ejecutar un bloqueo naval para cortar el petróleo a Cuba con el fin de seguir ejerciendo presión para lograr un cambio en la isla, según un informe del medio Politico.
En ese sentido, el viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossí, reaccionó al reportaje calificando el escenario como “un ataque brutal” en contra del régimen que representa.
Asimismo, el funcionario comunista impulsó la desgastada narrativa oficial del castrismo de presentarse como una víctima de la política de Estados Unidos, ante un posible bloqueo naval al petróleo, evadiendo la responsabilidad de la dictadura en la grave crisis en todos los aspectos que azota a la nación caribeña.
De igual manera, el diplomático castrista apuntó que, de concretarse el bloqueo naval al petróleo, se confirmaría “que las dificultades económicas cubanas se originan principalmente en Estados Unidos”, sin reconocer que los únicos culpables del desastre económico en la isla son los miembros de la cúpula de la dictadura.
“Un ataque brutal contra una nación que no amenaza a Estados Unidos y contra un pueblo pacífico que no es hostil a ninguna nación. Una prueba de que las dificultades económicas cubanas se originan principalmente en Estados Unidos. ¿Por qué temer la posibilidad de que Cuba resuelva sus propios problemas sin la interferencia estadounidense?”, escribió el esbirro en su perfil de X, mencionado el artículo de Politico.
Es importante mencionar que las declaraciones de Fernández de Cossío no son un exabrupto al azar; son el reflejo de un régimen que camina sobre la cuerda floja. Con un sistema electroenergético nacional en ruinas, Cuba hoy es un país que intenta encender fósforos bajo una tormenta perfecta. La isla, que depende casi exclusivamente del crudo extranjero para no quedarse a oscuras, se enfrenta ahora al peor de sus fantasmas: el cierre definitivo del grifo.
La realidad en las calles ya es agónica, con apagones que se miden en días y no en horas, pero el tablero geopolítico ha terminado de asfixiar a La Habana. La salida de Nicolás Maduro del poder en Venezuela no solo fue un golpe político, sino el fin del pulmón energético que mantuvo a flote la economía cubana durante décadas. Sin ese aliado, y con una lista de amigos cada vez más corta, el margen de maniobra es inexistente.
En este escenario, la amenaza de un bloqueo naval, una medida de fuerza impulsada por el secretario de Estado, Marco Rubio, ha pasado de ser una advertencia retórica a una posibilidad sobre el escritorio de Donald Trump. Según los informes que maneja Politico, la opción de interceptar físicamente cada cargamento de combustible está sobre la mesa, esperando una firma que podría terminar de desconectar a Cuba por completo.
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Redacción Cubanos por el Mundo