El desastre vial en Cuba cobró una cifra alarmante de vidas durante el último año tras registrarse 750 fallecimientos en las carreteras, lo que representa un aumento del 18,2% respecto al periodo anterior y evidencia el fracaso absoluto de las políticas de seguridad implementadas por el castrismo.
La información fue difundida por la Comisión Nacional de Seguridad Vial a través de los medios de propaganda oficialistas, plataformas que se limitaron a exponer estos datos fríos sin profundizar en las causas estructurales que han convertido el transporte en una trampa mortal.

Las estadísticas rojas no se detuvieron allí, pues el número total de siniestros ascendió a 7.538 incidentes que dejaron un saldo de 6.718 lesionados, números que sepultan cualquier narrativa triunfalista del régimen sobre una supuesta disminución de la peligrosidad en la vía pública durante los años previos.
Si bien la dictadura intenta lavarse las manos atribuyendo el 72% de los choques al “factor humano” por supuestas distracciones o excesos de velocidad, la realidad es que transitar por Cuba se ha transformado en una actividad de alto riesgo debido al estado deplorable de la infraestructura y la falta de inversión.

Resulta vergonzoso que el aparato estatal pretenda dar lecciones de responsabilidad ciudadana cuando sus propios vehículos estuvieron involucrados en la mitad de los accidentes, dato que se agrava al conocerse que al 98% de los choferes del régimen implicados se les retiró la licencia por conducir bajo los efectos del alcohol.
El informe menciona tímidamente el “eje vial deteriorado” como un factor secundario, omitiendo deliberadamente que los constantes apagones dejan a ciegas miles de intersecciones y semáforos por todo el territorio, obligando a los conductores a adivinar el paso en medio de la oscuridad.
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Entretanto, las motocicletas y los ciclomotores aparecen como los medios más vulnerables al estar presentes en el 63% de los hechos, una situación que las autoridades atribuyeron cínicamente a la inexperiencia de los pilotos en lugar de admitir que los baches y la falta de señalización son los verdaderos detonantes de estas tragedias.
Provincias como La Habana, Villa Clara y Ciego de Ávila lideraron esta lúgubre lista de fatalidades, confirmando que ninguna región de Cuba escapa al colapso de un sistema donde incluso la red ferroviaria presenta fallas críticas por el incumplimiento crónico de los ciclos de mantenimiento y la negligencia administrativa.
Redacción de Cubanos por el Mundo