Otra vez el nombre de Cuba aparece ligado a un escándalo internacional. Y otra vez, el régimen castrista intenta esconderse detrás del silencio y la mentira.
El Departamento de Defensa de Estados Unidos investiga un posible dispositivo tecnológico relacionado con el llamado “síndrome de La Habana”, una serie de ataques que desde 2016 han afectado a diplomáticos, agentes de inteligencia y funcionarios estadounidenses. La información fue revelada por CNN y confirma lo que muchos han dicho desde el principio: aquí no hubo casualidades ni misterios médicos, aquí hubo intención.
Los primeros casos ocurrieron en La Habana, bajo el control absoluto del régimen. Ningún extranjero se mueve en Cuba, ningún edificio diplomático opera, ningún dispositivo tecnológico entra o sale sin que la Seguridad del Estado lo sepa. Pensar lo contrario es insultar la inteligencia.
Ahora el Pentágono analiza información sobre un equipo que pudo haber sido utilizado para provocar síntomas como dolores de cabeza extremos, mareos, pérdida auditiva y daños neurológicos. ¿De verdad alguien cree que algo así pudo ocurrir en La Habana sin la aprobación —o al menos el conocimiento— del aparato represivo del castrismo?
Durante años el régimen negó, se burló y se lavó las manos. Como siempre. La misma estrategia que ha usado para negar presos políticos, torturas, desapariciones y asesinatos. El mismo manual de la dictadura.
Este nuevo paso en la investigación refuerza una realidad incómoda para los defensores del régimen: Cuba no fue una víctima colateral, fue el escenario inicial. Y en una dictadura totalitaria, el escenario nunca es casual.
Para los cubanos que han sufrido décadas de abuso, espionaje y represión, esto no sorprende. El castrismo ha demostrado una y otra vez que no tiene límites cuando se trata de conservar el poder, aunque eso implique violar normas internacionales y poner en riesgo la vida de personas inocentes.
El “síndrome de La Habana” no es solo un caso médico o diplomático. Es otro capítulo oscuro en la larga lista de atropellos de un régimen que sigue operando con impunidad mientras el mundo mira hacia otro lado.