El jefe de misión de Estados Unidos en Cuba, Mike Hammer, enfrentó una serie de ataques verbales orquestados por el aparato de represión de la tiranía en Camagüey y Trinidad, donde reducidos grupos de choque ejecutaron insultos frente a las instalaciones de hospedaje para simular un desprecio popular que careció de bases espontáneas.
La información sobre tales atropellos fue difundida por la propia sede extranjera y extendida en redes sociales, exponiéndose que estos actos de repudio coincidieron con el acoso preventivo y la detención de activistas locales para impedir contactos directos con el enviado de Washington.
Estas maniobras represivas contra el político contaron con la participación de dirigentes comunistas como Yoel Santiesteban, quien grabó a menos de 10 individuos mientras lanzaron frases violentas en un intento por inventar el “sentimiento de la calle”, aunque el material fílmico desnudó la escasa convocatoria y el manejo estatal sobre la puesta en escena.
“Títere de Donald Trump”, “Asesino”, “Imperialista”, “Genocida”, “Ladrón”, “Fascista”, “Lamebotas”, “Quita el bloqueo pa’ que tú veas quiénes somos nosotros”, fueron algunas de las bajezas que se escucharon.

Las vejaciones recrudecieron después de que Mike Hammer sostuvo reuniones con la Iglesia católica para supervisar el reparto de ayuda humanitaria enviada por la administración estadounidense, demostrando que el castrismo priorizó su soberbia ideológica sobre el bienestar de las víctimas del huracán Melissa.
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Tal clima de violencia se encuadró en la reciente orden ejecutiva de Donald Trump que declaró la emergencia nacional respecto a la situación de la isla e impuso aranceles a los proveedores de hidrocarburos a la dictadura, poniendo contra las cuerdas a esa cúpula que cada vez entra más en un pánico que ya no puede ocultar.
Redacción de Cubanos por el Mundo