La inoperancia del comunismo condenó a la intemperie a los residentes de Laguna Blanca en Santiago de Cuba, quienes tras más de 90 días del impacto del huracán Melissa siguen aguardando por unos materiales de construcción que jamás llegaron.
Este drama humanitario se concentra específicamente en las zonas agrícolas del municipio Contramaestre, donde las familias perdieron techos y paredes enteras ante la furia del ciclón y la posterior desidia de los funcionarios que acudieron solamente a realizar promesas vacías.
La denuncia sobre este abandono fue extendida a través de las redes sociales por el periodista José Luis Tan Estrada a raíz del testimonio hecho por parientes de los damnificados, quienes decidieron romper el silencio para exponer la crítica situación que atraviesan los habitantes de esa región oriental.
Resulta indignante constatar cómo las llamadas “evaluaciones de daños” realizadas por el régimen no fueron más que un trámite, pues los afectados aseguran que las brigadas desaparecieron del lugar sin entregar ni siquiera una teja para cobijar a los ancianos.
A la destrucción física de los inmuebles se suma la extorsión económica contra el campesinado de Santiago de Cuba, obligado a financiar su propia producción para terminar vendiéndola al aparato estatal mediante pagos atrasados y tarifas de miseria que impiden cualquier capacidad de ahorro.
El control totalitario sobre la economía impide que los trabajadores del campo puedan costear las reparaciones de sus viviendas, ya que intentar vender sus cosechas de forma independiente para generar ingresos reales acarrearía el decomiso de sus tierras y penas de prisión.
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Esta maniobra de asfixia mantiene a estos ciudadanos de Santiago de Cuba durmiendo al sereno y soportando las bajas temperaturas invernales sin protección alguna, víctimas de una dictadura que criminaliza la prosperidad individual mientras se muestra incapaz de garantizar condiciones mínimas de vida tras un desastre natural.
Redacción de Cubanos por el Mundo