El descalabro de la dictadura alcanzó un nuevo nivel al concretarse el paro total del sistema de ómnibus urbanos, situación que dejó a cientos de miles de ciudadanos varados en La Habana y sin opciones reales de movilidad dentro de la capital.
Esta parálisis absoluta fue confirmada por las propias entidades estatales en Facebook, plataforma donde los funcionarios admitieron cínicamente que no existe ni una gota de combustible para garantizar los recorridos de las rutas principales o alimentadoras en ninguna terminal.

La crisis actual es la consecuencia directa de la dependencia parasitaria que el castrismo mantuvo con el chavismo durante años, un suministro que se cortó abruptamente tras la caída y captura del dictador Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, aunque la retórica oficialista insista en culpar exclusivamente a Estados Unidos para tapar su propia inutilidad y falta de previsión.
La gravedad del escenario obligó incluso a la Universidad de La Habana a suspender la presencialidad total para enviar a los estudiantes a sus casas bajo un esquema semipresencial por los próximos 30 días, una orden dictada por el puesto a dedo Miguel Díaz-Canel como un parche temporal ante la imposibilidad de garantizar la llegada de alumnos y profesores a las aulas a partir de este viernes.
Lejos de ofrecer soluciones, la cúpula comunista anunció vagas medidas de emergencia para priorizar sectores estratégicos, reconociendo implícitamente que la ciudadanía común quedó relegada a un segundo plano mientras la economía se hunde por el efecto dominó de la falta de energía en la distribución de alimentos y servicios de salud.
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Los habitantes de La Habana se ven forzados ahora a caminar kilómetros bajo el sol o a pagar precios exorbitantes en el mercado informal para llegar a sus destinos, padeciendo en carne propia la miseria generada por un régimen que apagó el motor del país y dejó a su pueblo a la deriva.
Redacción de Cubanos por el Mundo