El final de los días de cualquier ser humano, se supone debe ser uno de los momentos más apacibles, respetados y tranquilos, en consideración de los familiares de la persona fallecida y de su memoria, pero en Granma, Cuba, despedir para la eternidad a cualquier lugareño, se constituye en una verdadera angustia, toda una tragedia que envuelve a los coterráneos en un problema con innumerables aristas.
Y es que la funeraria de Granma se encuentra en unas condiciones, prácticamente inservible para ofrecer un servicio, aunque sea de mediana calidad, que resuelva las necesidades del momento. Los techos del lugar se caen por sí solos, vigas partidas, derrumbes del falso techo y pare de contar, todo esto deben padecer los usuarios del lugar.
Al tiempo, que todos los ventiladores fueron retirados del lugar, las puertas no cierran bien, los balances están en reparación y en fin, no se logra acabar con la remodelación o reconstrucción del lugar, en virtud de que, las necesidades son tantas y tan variadas, que parece una historia sin fin, mientras los cubanos multiplican esfuerzos para acomodar una cosa, es porque la otra ya viene abajo. Resulta que la construcción es antiquísima y ya está cobrando el paso de los años.
Otro de los graves problemas que afecta a la funeraria de Granma, es lo concerniente a la transportación. Son vehículos que reciclan piezas, unas tras otras. Al decir de los choferes, quienes se abocan a reparar los autos a falta de personal mecánico, no se consigue repuestos nuevos, los cuales solicitan a la capitalina ciudad de Bayamo, pero desde allá, también reportan las mismas quejas, no hay repuestos. A lo que se agrega, las amenazas de falta de combustible, que ya se ciernen sobre todos los servicios del transporte cubano.
Una de las principales quejas de los manzanilleros, hace referencia a la ubicación de esta funeraria, la cual se encuentra enclavada en una de las principales avenidas de la provincia, donde tienen lugar todo tipo de acontecimientos, desde escuchar música, hasta ver pasar los desfiles propios de las fiestas carnestolendas, son hechos que en definitiva, atentan contra el respeto y la consideración que se debe humanamente mantener en momentos tan difíciles, como lo es la última despedida de los seres queridos.
Redacción CPEM