La escritora cubana Adriana Normand, conocida por su trabajo en medios independientes, denunció recientemente que se encuentra “regulada”, una medida que impide su salida del país bajo el pretexto de “interés público”.
La autora informó en sus redes sociales que, al intentar tramitar su pasaporte en una oficina de La Habana, le fue negado el servicio sin explicación adicional más allá de esta regulación.
“En el día de hoy, en una oficina encargada de la expedición de pasaportes, se me ha sido negado el trámite para la confección del mismo. Estoy regulada por interés público”, escribió en su perfil de Facebook.
Este es solo uno de los casos que ha aumentado la preocupación sobre la represión a los periodistas y escritores en Cuba.
En octubre, esta escritora cubana ya había tenido que renunciar públicamente a su colaboración con la prensa independiente, como parte de una serie de medidas represivas que el régimen cubano intensificó contra aquellos que se encargan de contar la verdad.

El contexto de esta represión también incluye el caso de Enrique Díaz Rodríguez, periodista independiente cubano, quien a principios de noviembre se vio atrapado en un limbo migratorio en Perú tras intentar salir del país con su familia.
El intento de Díaz Rodríguez de llegar a Estados Unidos se vio frustrado cuando las autoridades nicaragüenses le negaron la entrada, un claro reflejo de la complicidad entre los regímenes de Cuba y Nicaragua para restringir la libertad de los disidentes.
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La dictadura castrista continúa utilizando la regulación como una herramienta para silenciar a aquellos que no se alinean con su absurda narrativa.
La censura, junto con la intimidación y el hostigamiento, ha convertido a los periodistas y escritores en blanco de violencia, con el objetivo de sofocar cualquier forma de disidencia y mantener el poder en todos los sentidos.
Redacción de Cubanos por el Mundo