La crisis autoinfligida de Cuba podría ser la peor hasta ahora

El artículo original, publicado en el blog del Cato Institute y escrito por el economista Marcos Falcone el 23 de febrero de 2026, plantea una tesis directa: Cuba podría estar atravesando la peor crisis económica desde 1959, y gran parte de ella es consecuencia de decisiones internas.

El enfoque no gira únicamente en torno a sanciones externas o coyunturas internacionales. El argumento central es que el deterioro actual responde, en buena medida, a políticas económicas acumuladas durante décadas que han limitado la productividad, restringido la iniciativa privada y debilitado la capacidad de adaptación del país.

Fuente original: Marcos Falcone, Cuba’s Self-Induced Crisis May Be Its Worst Yet, Cato at Liberty (23 de febrero de 2026).

Una contracción profunda y sostenida

Según datos oficiales citados en el análisis, la economía cubana se contrajo alrededor de un 5 % en el último año y acumula una caída cercana al 15 % en un período de cinco años. No se trata de una recesión puntual, sino de un proceso prolongado de reducción del tamaño de la economía.

A esto se suma una inflación que, aunque reportada de forma limitada por las autoridades, habría alcanzado niveles mucho más altos en la práctica. Para el cubano común, la cifra técnica importa menos que el efecto concreto: el salario pierde valor mes tras mes, y lo que antes alcanzaba para lo básico hoy apenas cubre una parte.

La falta de transparencia estadística agrava el problema. Sin datos confiables es difícil diseñar soluciones, evaluar políticas o incluso comprender la magnitud real del daño.

Energía: el talón de Aquiles

Uno de los puntos más críticos es el sector energético. Cuba produce solo una fracción del combustible que necesita y depende en gran medida de importaciones. La reducción del suministro externo, especialmente desde Venezuela en años recientes, ha dejado al sistema eléctrico en una situación frágil.

Los apagones frecuentes no solo afectan la comodidad doméstica. Impactan la producción industrial, el almacenamiento de alimentos, los hospitales, el transporte y el turismo. Cuando la electricidad falla, se paraliza buena parte del país.

En el análisis se advierte que las reservas de combustible podrían alcanzar niveles críticos, lo que intensificaría aún más la crisis si no hay cambios estructurales o nuevas fuentes de financiamiento.

Turismo en retroceso

El turismo, que durante años fue presentado como motor estratégico de divisas, tampoco ha logrado compensar la caída de otros sectores. Problemas logísticos, falta de combustible, deterioro de infraestructura y menor competitividad regional han limitado su recuperación.

El modelo apostó fuerte por hoteles y megaproyectos, pero sin una economía productiva sólida detrás, esos ingresos no bastan para sostener el resto del sistema.

Éxodo y desgaste social

Uno de los indicadores más elocuentes del momento actual es la migración masiva. Millones de cubanos han salido del país en los últimos años buscando estabilidad económica. Cada persona que se va representa no solo una historia individual, sino también capital humano que el país pierde.

El impacto se siente en todos los niveles: familias fragmentadas, menos fuerza laboral, envejecimiento acelerado de la población y mayor dependencia de remesas.

Más allá del embargo

El artículo reconoce la existencia de sanciones estadounidenses, pero subraya que los problemas estructurales de Cuba preceden a las coyunturas recientes. Incluso en momentos de fuerte apoyo externo, como durante el subsidio soviético, la economía cubana mostraba bajos niveles de productividad comparados con otros países de la región.

El argumento central es claro: sin reformas profundas que permitan mayor libertad económica, seguridad jurídica y apertura a la iniciativa privada, el margen de recuperación seguirá siendo limitado.

Un punto de inflexión

La pregunta no es solo si esta es la peor crisis desde la revolución, sino qué viene después. Las crisis pueden endurecer sistemas o forzar cambios. Todo dependerá de las decisiones políticas que se tomen y de la capacidad del país para adaptarse a una realidad económica cada vez más exigente.

Para los cubanos dentro de la Isla, la crisis se mide en horas sin corriente, precios que suben y escasez constante. Para los que están fuera, se refleja en la ayuda que envían y en la preocupación por sus familias.

El título original lo resume con fuerza: Cuba’s Self-Induced Crisis May Be Its Worst Yet. La discusión de fondo no es solo cuán profunda es la crisis, sino si existe voluntad real de transformarla.

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