Con solemnidad institucional, consignas patrióticas y el entusiasmo propio de las fechas señaladas en el calendario político, el gremio periodístico de Cienfuegos celebró el Día de la Prensa Cubana con un acto de reconocimientos a varios profesionales por su desempeño durante el año 2025, efectuado en “el memorial” de Los Pinitos, ese centro recreativo ubicado en el tramo final del malecón cienfueguero, sitio donde tantas broncas y puñalás han tenido lugar, amén de borracheras y papelazos.
La jornada incluyó premios nacionales, distinciones provinciales, espacios radiales de homenaje y, como es habitual en estos eventos, un despliegue de felicitaciones institucionales en redes sociales y medios oficiales. Pero también dejó una imagen que no pasó desapercibida para los observadores más maliciosos del folclore cubano: a los hombres homenajeados se les entregó como obsequio simbólico… un venao. O sea: una escultura, bastante chea, por cierto, que representa un venado al estilo de Bamby.
Un detalle aparentemente inocente, aunque no tanto en el contexto cultural criollo, donde el venado —o “venao” como lo pronunciamos los cubanos— suele tener una lectura bastante específica cuando se le coloca en manos de un hombre.
Pero vayamos por partes.
Entre los reconocimientos más destacados de la jornada, según reflejó el Telecentro Perlavisión en sus redes sociales, estuvo el otorgado a Mayelín del Sol Santiago, periodista del telecentro Perlavisión, quien recibió el Premio Nacional de Periodismo Juan Gualberto Gómez por la obra del año en televisión. La reportera también obtuvo en Cienfuegos el premio provincial Juan David por su trabajo durante 2025.







Según los propios medios locales, parte del mérito de su trabajo se atribuye a la experiencia de cobertura en la República Bolivariana de Venezuela, donde realizó reportajes sobre las historias de vida de colaboradores cubanos y cubrió eventos deportivos y culturales.
“Fue un año donde además de la labor de los médicos cubanos cubrimos eventos deportivos y culturales con pases casi en vivo y grandes reportajes”, explicó la periodista durante un encuentro en el programa radial El Triángulo de la Confianza, uno de los espacios más escuchados de Radio Ciudad del Mar, conducido por Boris García Cuartero y dirigido por Jorge Domínguez Morado, “Chicho”, ahora que el veterano Fabio Bosch Jr. colgó sus guantes.
El mismo programa sirvió para reunir a otros profesionales del gremio, entre ellos la periodista Onelia Chaveco Chaveco, galardonada con el premio provincial Humberto Hurtado del Valle a la obra de la vida. Con más de dos décadas de trabajo en la Agencia Cubana de Noticias, Chaveco recordó sus inicios en el periódico 5 de Septiembre y defendió una vieja máxima del oficio: que todo periodista debería pasar primero por la prensa escrita antes de llegar a la televisión o la radio.
Durante el encuentro también fueron reconocidos Miguel Adrián Rodríguez, premiado por la obra del año en prensa escrita, y Dainerys Torres Núñez, distinguida por su trabajo en la radio provincial. Todos coincidieron en resaltar la importancia del trabajo colectivo, la formación en la práctica y el compromiso con la comunicación pública.
La presidenta provincial de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), Tay Toscano Jérez, una mujer que escribe pésimamente, pero es fiel al sistema y por eso —y su militancia— el Estado la premia con el cargo, cerró el encuentro recordando la misión del gremio de acercar la labor periodística a la ciudadanía en el complejo escenario que vive el país.
Hasta ahí, todo dentro de los códigos habituales del periodismo institucional cubano: discursos sobre compromiso, vocación, sacrificio y defensa de la verdad.
Sin embargo, lo que terminó robándose parte de la conversación fuera del guion oficial fue el peculiar obsequio entregado durante la ceremonia a algunos de los premiados masculinos, al que ya hacíamos referencia: un venado como obsequio simbólico.



En cualquier otro contexto podría tratarse de un gesto rural o un guiño a la fauna local. Pero en el imaginario popular cubano el asunto tiene otra lectura menos inocente. Porque regalarle un venado a un hombre —según la tradición humorística criolla— equivale a un comentario bastante específico sobre su situación conyugal.
Por supuesto, nadie en la ceremonia pareció detenerse en el posible subtexto zoológico del homenaje, aunque hubo quien se rió, quien se persignó, metiéndose las manos en los bolsillos; y quien hasta recibió palmaditas en el hombro al estilo “Ella no hubiese querido hacerte eso compadre, pero…”
Las fotos circularon con normalidad, las felicitaciones continuaron y la narrativa oficial del evento se mantuvo centrada en la excelencia periodística, el compromiso con la Revolución y la defensa de la verdad frente a las campañas mediáticas externas. En cualquier caso, el episodio dejó una imagen difícil de ignorar: periodistas recibiendo reconocimientos por su labor informativa… mientras sostienen, simbólicamente, un venado.
Y como bien sabe cualquier cubano, los símbolos importan. Sobre todo cuando vienen con cuernos.