La situación del preso político Lismani Acosta Gómez se ha vuelto alarmante en los últimos días, debido a las precarias condiciones que debe soportar dentro de una mazmorra en la que no siquiera merece estar.
La dictadura castrista vuelve a exhibir su verdadero rostro criminal en la prisión Cuba-Panamá, un infierno situado en la provincia de Mayabeque destinado a recluir a personas privadas de libertad que viven con VIH.
En este antro de martirio, el régimen somete a los detenidos a un exterminio sistemático a fuego lento, privándolos de los derechos más elementales y convirtiendo la prisión en un campo de concentración impune.
Hambruna premeditada contra la población penal
La organización Cubalex sacó a la luz la macabra realidad que atraviesa cada preso político sumergido en ese centro de tortura. La ración diaria de alimentos no solo resulta brutalmente insuficiente, sino que constituye una burla vil contra la dignidad humana.
Quienes permanecen atrapados en esas celdas reciben apenas un té para iniciar el día, mientras que el almuerzo y la cena se reducen a un raquítico boniato o un ñame. Solo de forma ocasional, los esbirros del penal arrojan una miserable pata de gallina en los platos, dejando a los prisioneros en un estado de desnutrición severa y hambruna premeditada.
Epidemias, insalubridad y la brutalidad de los esbirros
Para colmo de males, la insalubridad reina impune en cada rincón del presidio, facilitando la propagación descontrolada de sarna y tuberculosis entre la población penal.
A esto se le suman las constantes palizas, vejaciones y humillaciones perpetradas por funcionarios penitenciarios que actúan como mercenarios sin alma. Cada hostigamiento físico y psicológico agrava de manera implacable el riesgo para la integridad de cualquier preso político encarcelado bajo esta estructura tiránica.
El régimen cubano no busca corregir ni custodiar; su único propósito real radica en doblegar, torturar y destruir el cuerpo y el espíritu de quienes se oponen a su tiranía.
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Una condena a muerte ejecutada en la sombra
Tratándose de pacientes que conviven con el VIH, esta negligencia deliberada equivale a una condena a muerte ejecutada en la sombra. Como bien lo mencionó Cubalex, un organismo exige una nutrición balanceada, tratamiento farmacológico ininterrumpido y un entorno limpio para evitar colapsos fatales. Sin embargo, la cúpula comunista deniega de forma desalmada la atención médica continua, provocando un desmoronamiento acelerado en la salud física y una devastación profunda en el bienestar emocional del preso político.
La detención arbitraria ejecutada el pasado 6 de julio contra Lismani Acosta Gómez marcó el inicio de este calvario, evidenciando una pérdida alarmante de peso y un cuadro depresivo severo desde su traslado al penal.
El secuestro de Lismani Acosta Gómez
Todo esto ocurre después de que el ciudadano soportara más de dos semanas de encierro injustificado en la unidad policial del municipio Guanabacoa. Su único “delito” consistió en alzar la voz y hacer sonar una cacerola para reclamar libertad y sobrevivir al colapso absoluto que asfixia a la isla.
Junto a él, otros manifestantes anónimos también sufrieron el mismo destino cruel, arrojados a prisiones de máxima seguridad por orden directa de los tiranos que controlan el país.
La maquinaria de hostigamiento estatal operó con total cinismo desde el primer momento de la detención, ocurrida ese día 6 de julio. Inicialmente, la policía política y los carceleros jugaron con la desesperación de la familia al prometer una libertad bajo fianza que jamás llegó.
Días después, revocaron la medida con total impunidad para imponer la prisión provisional, confirmando que la justicia en la isla es solo una farsa macabra diseñada para castigar la disidencia.
Desprecio absoluto por el derecho internacional
Las violaciones cometidas en la cárcel Cuba-Panamá se burlan de manera absoluta las Reglas Mandela, marco internacional que obliga a garantizar alimentación apta, condiciones sanitarias mínimas y cuidados de salud especializados para personas bajo custodia estatal.
Ningún represor pagará voluntariamente por estos crímenes mientras el régimen mantenga el control sobre la justicia, pero la historia registrará la barbarie perpetrada contra todo preso político que perece en los calabozos de la isla.