La organización no gubernamental, Amnistía Internacional, volvió a poner el foco en la represión política en Cuba al exigir, una vez más, la liberación inmediata e incondicional de los presos de conciencia retenidos por el régimen castrista.
El pronunciamiento, difundido a través de sus canales oficiales, refuerza una denuncia que la ONG ha sostenido durante años de que en la isla se castiga con cárcel el pensamiento libre y la disidencia.
El nuevo llamado no se limita a una declaración general. La organización visibilizó casos concretos de figuras perseguidas por su postura crítica frente al sistema comunista, entre ellos el artista Luis Manuel Otero Alcántara, el músico Maykel Castillo Pérez, conocido como Maykel Osorbo, así como opositores y activistas como Félix Navarro Rodríguez, Saylí Navarro, Roberto Pérez Fonseca, Loreto Hernández y Donaida Pérez Paseiro. Todos ellos permanecen encarcelados por razones políticas, en lo que diversas organizaciones han calificado como detenciones arbitrarias.
La exigencia de Amnistía Internacional se produce en medio de una maniobra del régimen que ha sido fuertemente cuestionada tras anunciar un supuesto indulto masivo de más de 2.000 reclusos. Mientras la propaganda oficial intenta presentar la medida como un gesto humanitario, activistas y sectores independientes denuncian que se trata de una operación de maquillaje, ya que la mayoría de los beneficiados corresponde a condenados por delitos comunes, dejando fuera a quienes fueron encarcelados por oponerse al sistema.

Vale la pena destacar que, figuras emblemáticas de la disidencia, como Otero Alcántara, Osorbo y Navarro, así como decenas de cubanos detenidos tras las históricas protestas del 11 de julio de 2021 en Cuba, continúan tras las rejas. La exclusión de estos presos políticos del indulto confirma, según denuncias de la sociedad civil, que el régimen no tiene intención de ceder en su política de persecución ideológica.
Amnistía Internacional y sus llamados a liberar a los presos políticos cubanos
No es la primera vez que Amnistía Internacional alza la voz sobre este tema. Desde hace años, la organización ha documentado el uso sistemático del aparato judicial cubano como herramienta de castigo contra activistas, periodistas independientes y ciudadanos que expresan opiniones contrarias al comunismo. En múltiples informes, ha catalogado a varios detenidos como presos de conciencia, insistiendo en que nunca debieron ser encarcelados.
A lo largo del tiempo, la ONG ha impulsado campañas internacionales, recogida de firmas y acciones digitales para presionar al régimen castrista. Etiquetas como #CubaSinRepresión se han convertido en símbolos de denuncia global, visibilizando una realidad que el aparato propagandístico intenta ocultar de que en Cuba, disentir tiene consecuencias penales.

El reiterado llamado también pone en evidencia el aislamiento del régimen frente a estándares internacionales de derechos humanos. Mientras gobiernos democráticos y organizaciones independientes exigen garantías básicas, La Habana mantiene una postura cerrada, negando la existencia de presos políticos y calificando a los opositores como delincuentes.
Sin embargo, los testimonios de familiares, activistas y organismos internacionales dibujan un panorama muy distinto. Las detenciones por motivos políticos, los juicios sin garantías y las condenas desproporcionadas forman parte de un patrón que ha sido denunciado de manera consistente.
Represión en Cuba
En Cuba, la represión no es un hecho aislado, sino una política de Estado. El aparato de seguridad, encabezado por la Seguridad del Estado, actúa como brazo ejecutor de una estrategia diseñada para neutralizar cualquier forma de disidencia. Vigilancia, interrogatorios, amenazas y encarcelamientos arbitrarios son prácticas recurrentes contra quienes desafían al régimen.

A esto se suma un clima de hostigamiento constante que trasciende las cárceles. Activistas, periodistas y opositores enfrentan restricciones de movimiento, citaciones policiales y campañas de descrédito, en un intento por silenciar voces críticas.
No obstante, la represión se extiende también a familiares, generando un entorno de presión psicológica que busca quebrar la resistencia.
Lejos de mostrar señales de apertura, el régimen castrista ha endurecido su respuesta tras las protestas del 11 de julio, lo que evidencia su temor ante un pueblo cada vez más dispuesto a exigir cambios. En ese contexto, el reclamo de Amnistía Internacional vuelve a resonar con fuerza, y es que sin la liberación de los presos políticos, no puede hablarse de justicia ni de derechos en la isla.
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