El martes se llevó a cabo un acto fúnebre para despedir al dictador cubano Fidel Castro, en la que asistieron distintos mandatarios de América y el mundo.
La Plaza de la Revolución estaba abarrotada, o al menos así lo sugerían las imágenes que mostraban los medios oficialistas. El encargado de cerrar la ceremonia fue el actual dictador Raúl Castro, quien fue precedido por Nicolás Maduro.
El “hermanito” menor de Fidel comenzó su alocución bromeando, quizás para calmar la ansiedad de la gente que quería retirarse a sus hogares a descansar y no podían ya que estaban obligados a quedarse.
Como era de esperarse, Raúl comenzó a hablar sobre la vida de Fidel a lo largo de sus extensos 90 años. Sin embargo, llama la atención que el discurso (como era de esperarse) está cargado de pasajes ficticios, que en nada reflejan la realidad de los hechos que marcaron y catalogaron a Castro como un dictador sanguinario y sin respeto por los derechos humanos.
El menor de los Castro obvió los fusilamientos, las torturas, los presos y la represión que inició Fidel y que se extiende incluso hasta el día de hoy
Otro aspecto que llama la atención era la actitud de Raúl Castro. Se le observaba sereno, indolente, su discurso eran tan mecánico como las palabras que en él había.
No duró más de 15 minutos despedir a su hermano mayor. Pese a las ovaciones expuestas por los presentes, el dictador parecía no reaccionar a ellas.
Con su temblorosa voz, invitó a los cubanos a reunirse nuevamente el 3 de diciembre, día en que las cenizas de Castro llegarán a Santiago de Cuba.