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Cuba, para que Europa vea

Es una teoría delirante y feroz. Propone que algunos líderes de la democracia universal desean que la vieja dictadura cubana continúe en el poder para que el mundo vea lo que le pasaría a sus países y a sus pueblos si se llega a instalar algún día un régimen comunista. El amigo que sustenta esa idea, desde su casa en Cuba, la tenía en la cabeza durante sus años de preso político y la reafirma ahora, con un coctel de ironía, resignación y paciencia, en sus batallas en la calle por la libertad y los derechos humanos.

Claro que se trata de un recurso de la desmesura criolla renovado en estos días para exponer la molestia, la rabia o el enojo por el embullo de los 26 países de la Unión Europea por poner en práctica el Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación con La Habana, firmado el año pasado y avalado ahora, por amplia mayoría, por el Parlamento Europeo en Estrasburgo.

Una nota suscrita en Cuba por dirigentes, activistas, periodistas y artistas señaló de inmediato que, con esa posición, la UE ha decidido formalmente legitimar el gobierno castrista que es responsable “del largo y profundo desastre de nuestra tierra” y también de la desestabilización y el conflicto que vive Venezuela.

Hemos escuchado con asombro, dice la pieza, hablar de avances, diálogo positivo, respeto a la soberanía y otras frases que chocan contra la realidad de la isla. Y le preguntan a los demócratas de Europa si han sido liberados los presos políticos, si ha cesado la represión contra el pueblo y la oposición, si los relatores especiales o la Cruz Roja han visitado las más de 200 cárceles que funcionan en el país y si los cubanos pueden participar en un proceso de elecciones libres y multipartidista.

La tesis de mi amigo acerca de la voluntad de ciertos dirigentes electos en comicios democráticos de la conveniencia de mantener viva la dictadura cubana, tiene que ver también con la actitud de indiferencia o de apoyo franco que el castrismo recibe de la mayoría de los jefes de gobierno de la región. Si España, la llamada madre patria, se comporta como una severa madrastra, no es extraño que las naciones hermanas se relacionen con la Cuba verdadera como sus hermanastras, afirma desde la geografía cubana.

Sí, su teoría puede verse como extravagante o forzada, lo que pasa es que sale de su experiencia y le ayuda a ilustrar la realidad de aquel escenario. Le puede doler, pero él y los suyos, con puntos de vista iguales o diversos, también continúan.

Publicado originalmente en el Nuevo Herald por Raúl Rivero

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Créditos: @ipaniza

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