La salud pública siempre ha sido una bandera de la mal llamada “revolución” cubana. Esta sin duda ha servido como arma mediática y de excusa para mantener sobornado al pueblo de Cuba e incluso a la comunidad internacional.
Pero hoy día, la salud en Cuba es una bomba de tiempo. A pesar de ser gratuita, la calidad y el servicio deja mucho que desear. Además que los médicos cubanos son usados por el régimen como principal recurso de exportación.
En un artículo de la web PanamPost, refleja cómo la escasez de galenos afecta directamente la atención hospitalaria.
“Creer en el mito de la gratuidad de la salud es desacreditar nuestra razón más elemental. ¿Cuándo la familia humana se dará cuenta de que el Estado, en sí mismo, no existe y que tras ese concepto abstracto se encuentra un pequeño grupo de individuos que no producen y viven a expensas del trabajo de una mayoría que son sus gobernados? ¿Cuándo se darán cuenta de que absolutamente todos los servicios prestados por los gobiernos, además de ser ineficientes, al menos en Cuba lo son, los costea el pueblo trabajador, incluso hasta la misma salud de los gobernantes parásitos?”
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Pero la web desmiente el mito de la salud gratuita, afirmando que esta se cancela a través de los impuestos.
“Pero para los cubanos la cosa se torna más difícil, pues además de pagar al Estado el impuesto por concepto de salud pública, tiene además que asumir un gasto extra. Son pocos los servicios asistenciales de la salud que para poder recibirlos de una manera más o menos digna, no tengas que pagar a los encargados directos de ofrecerlos”.
Dichas carencias llevan a la corrupción, tal cómo lo refleja el artículo, donde se denuncia que si usted quiere recibir un servicio médico digno, deberá cancelar unos 10 CUC.
“O sea que un cubano debe cambiar divisas para acceder a servicios públicos, porque la moneda que circula entre nosotros vale entre 24 y 25 veces menos que la moneda visible para el de afuera que está uno a uno con el dólar, el peso convertible, el CUC. Otra pantalla más del régimen Castrista, ostentar una moneda fuerte que sirve para mostrar al de afuera y no aplica para su gente. Ese monto constituye la mitad del salario promedio mensual de un trabajador, o la pensión de un jubilado. Si no lo paga, podría pasar varios días o quizá meses para ser atendido y sin la más mínima calidad. Obtendría respuestas como estas: “No hay anestesia, no hay amalgama”, etc, etc, etc. Y eso es poco, para otros servicios ni un sueldo entero alcanza”.
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Redacción Cubanos por el Mundo