“Si tus sueños no te dan miedo, no son sueños. Pero aquí te dan más miedo. Te das cuenta de que tus sueños son mucho más imposibles que en el resto del mundo y eso es muy molesto”, confiesa desde el corazón, uno de los dos jóvenes cubanos que protagonizan una semblanza de G. Jaramillo Rojas, para El Espectador.
Se trata de Jesús, quien con tan sólo 16 años, ve muy lejos construir algunos de sus sueños viviendo en Cuba. La idea de ser escultor, bajista de una banda o animador web lo distraen de su trajinada realidad por momentos y al despertar de sus viajes imaginarios siente de nuevo, y de golpe, la bota de la dictadura en su nuca. Saliendo al paso al sinsabor, busca entretenerse yendo de pesca con su amigo Garry, otro soñador con temores similares, como deben haber millones en la Isla y cientos brillando fuera de ella.
“Si me decidiera por ser animador web no podría hacerlo, porque no hay un lugar para conseguir los implementos básicos. Aquí eso de que somos un país bloqueado ya es una excusa vieja. ¿Hasta cuándo? Pueden pasar otros 58 años y yo creo que acá se va a seguir diciendo lo mismo para justificar todo. Los cubanos viven como piensan, pero no piensan como viven”, se queja Jesús mientras pesca en el Malecón con Garry.
Cansados de callar
Ambos muchachos creen profundamente en que tienen la capacidad de alcanzar sus sueños, pero dudan de que sea posible en la dictadura que los oprime, en la que nacieron. Hablan sabiendo que tienen el tiempo a su favor y deben aprovecharlo aunque no están claros de cómo hacerlo. Sí hay algo que están seguros de querer cambiar en la Isla, es el silencio.
“Hay que enseñarle a la gente a que hable, a que se manifieste. A que no tenga miedo. Claro, también no ganarse problemas es ser inteligente, pero a veces es necesario ganárselos para poder cambiar algo”, enfatiza Garry, de 16 años, gran aficionado a los deportes, que practica skate, béisbol, baloncesto y fútbol.
Sueños secuestrados
Garry tiene el sueño de practicar el Skate de manera profesional y contar con un patrocinio que lo impulse en su carrera deportiva.
“Yo soy un niño de 15 años y tengo muchos sueños, pero yo me frustro, porque sé que aquí adentro no los voy a poder cumplir. Si viviera en otro lado podría hacerlo, no por arte de magia, sino trabajando, porque los sueños hay que trabajarlos para realizarlos. Yo hago skate, y me gustaría que una marca me patrocinara, viajar y participar en un torneo, pero acá no puedo, empezando porque ni siquiera tengo en dónde conseguir un repuesto”.
El joven explica que su deporte favorito “gasta” mucho zapato y ropa, un lujo que en la Isla no puede darse, donde la comida siempre es primero.
A juicio de Jaramillo, quien analizó milimétricamente a cada cubano y cada rincón en su visita a la Isla, “todo está, y estará bien, si recibes lo que te da el gobierno, pero no puedes elegir ni gestionar nada que él no te ofrezca no porque no haya, sino más bien porque el mismo Estado se ha encargado de hacértelo económica, social, cultural e incluso humanamente imposible. Inalcanzable. Y si lo intentas, afronta las consecuencias”.
No hay más allá de lo básico
Una habanera asegura “Aquí no hay comida, pero no te mueres de hambre, porque te garantizan lo básico, lo estrictamente necesario”. Por eso es natural que los cubanos tengan 2 y 3 trabajos.
“Bajo el sol. Bajo la lluvia. Bajo la luna. Bajo el viento. Hay que mantenerse en pie. Ya después habrá mucho tiempo para descansar -me dice un viejo, carnicero de día y vendedor de chicles a las afueras de un club nocturno. No se trata de vivir, ni siquiera de sobrevivir, se trata es de volverse imperturbable, conformarse y aguantar. Sin rechistar, por supuesto”, dice el turista colombiano.
El trabajo prolongado y el esfuerzo físico obligado para poder comer, es lo único que sí abunda para el pueblo cubano.
Aunque, entre la frustración y la rabia que se percibe en las confesiones de estos jóvenes pescadores, Jaramillo dejó ver mucha esperanza en sus líneas, permitió conocer el indomable e intrínseco espíritu libertario en cada ser humano, por oprimido que sea, por aislado que pretendan mantenerlo. Es encantador ver cómo dos muchachitos, sin mayor formación universitaria, sin haber salido nunca de su país, salen a flote con sus conciencias, más allá de lo que les es permitido ver, decir y sentir. Ellos son y serán libres, al coste que sea, como lo han sido centenares de exiliados que hoy triunfan en el exterior.
“Son firmes, y por más miedo que den sus respectivas expectativas, seguro que las van a alcanzar. Tengan que romper con lo que tengan que romper”.
Redacción Cubanos Por El Mundo