La oleada migratoria a través de Centroamérica, ha cambiado el curso natural de la vida en Paso Canoas. La vida misma, no volvería a ser igual, desde que la crisis migratoria cubana tomó proporciones gigantescas, con el tránsito de más de 30 mil cubanos que buscan llegar a Estados Unidos.
Si bien su presencia ya no tiene como base los alrededores de las aduanas costarricenses, su estadía en los albergues panameños y la falta de controles migratorios hace que se les vea constantemente del lado tico.
Más de 2.000 cubanos se agrupan en cinco refugios del Gobierno panameño en los alrededores de Paso Canoas. Pueden entrar y salir de estos con mínimas restricciones.
Aparecen en casi todas partes: desde los centros comerciales de árabes hasta los bares. A algunos locales les beneficia, y a otros los perjudica.
“Aquí vienen, no siempre, pero vienen y almuerzan y conversan”, comentó Virginia López, cocinera de una soda en las cercanías de la línea fronteriza.
Pero no todos están contentos. Hay actividades nocturnas que se ven afectadas por la presencia de los migrantes. Este es el caso de algunas prostitutas, que se quejan de que hay cubanas que están trabajando como servidoras del sexo, cobrando una tarifa menor que ellas.
“Estas muchachas vienen a este lado de la frontera y trabajan en la calle; a nosotras eso nos afecta porque cobran muy barato. Nosotras cobramos $20 , pero hay algunas de ellas que lo hacen por $10”, relató una mujer, quien ofrece sus servicios en algunos bares de la zona.
Las autoridades costarricenses se dedican a la contención de los migrantes, pero no tienen capacidad para regular sus actividades.
Tomado de La Nación