La oleada migratoria cubana se convirtió además de un éxodo masivo en una cadena de conflictos internacionales que dejan entrever, la fragilidad de los sistemas centroamericanos para atender emergentes crisis. La situación de los cubanos en Costa Rica, superada gracias a los buenos oficios del gobierno de Solis, se trasladó ahora a la región colombiana de Turbo y a la capital ecuatoriana.
En movimientos migratorios, es de esperarse que una vez superado un peldaño, los errantes lograrán una nueva escalada dentro del continente. Lo que parece una solución de un conflicto humanitario, termina en realidad, cambiando de domicilio.
Panamá colaboró con la superación de la crisis migratoria centroamericana, sin embargo esto no significó que cientos de migrantes continuaran llegando a la frontera panameña. Aún con el resguardo de las autoridades policiales de las fronteras a partir del pasado 9 de mayo, los cubanos logran ingresar.
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La red de coyotaje persiste. Los migrantes en la búsqueda de un sueño de libertad, terminan siendo presa fácil de quienes a cambio de unos cuantos miles, los ayudan a atravesar bosques peligrosos.
Niños, enfermos y ancianos. Lejos de lo que se cree, no son sólo los jóvenes quienes huyen del régimen cubano. Abuelos que han vivido las consecuencias de una mal llamada “revolución”, temen perder la única luz al final del túnel, la oportunidad de huir del hambre y la miseria.
Quienes logran llegar a Turbo, en el departamento antioqueño de Colombia, devueltos forzosamente a Puerto Obaldía y La Miel, zonas fronterizas de Panamá continúan aumentando. Aproximadamente de 20 a 25 cubanos al día se refugian en una antigua a bodega que hoy funge como albergue, gracias a la colaboración de los lugareños, pues han sido los pobladores quienes han tendido una mano amiga a los errantes a los más de 300 cubanos que junto a africanos y asiáticos que igualmente intentan seguir rumbo a Estados Unidos.
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El gobierno cubano tal y como hace el régimen, elude la situación. Urge que de una vez por todas, los países involucrados lleguen a un acuerdo para permitir el traslado de forma legal de miles y miles de migrantes, sin generar un conflicto de fronteras, que no resuelve la crisis y termina favoreciendo a las redes de tráfico humano.
Volver al infierno
No hay paso atrás. Para los migrantes ha significado mucho sudor, sacrificio y lágrimas llegar a cada punto. Que la solución sea el regreso al país del que huyen, resulta sumamente doloroso y no es una posibilidad. Al final, ellos solo piden continuar su tránsito.
Resulta siendo aún más viable, que un tercer país –en este caso México– haga la solicitud a Colombia para recibirlos; aunque todavía esto sea solo un postulado. Sin que se de esta opción, no hay oportunidad para el establecimiento de puentes aéreos, como logró superarse la crisis entre Costa Rica y Panamá.
En este conflicto parecieran estar los cubanos a la deriva. Solo cuentan con el apoyo de sus compatriotas en el exilio, los medios de comunicación y organizaciones no gubernamentales que buscan mediar y brindar un apoyo limitado, en función de sus posibilidades, mientras la situación que se vive en Turbo cada vez es peor.
@mafermusa / Cubanos por el Mundo


