Eugenio Yáñez
La dictadura ladra tan fuerte porque tiene mucho miedo
Sin gritar “destrucción”, soltaron los perros de la guerra en Cuba. Para que ladren mucho. Porque la dictadura tiene miedo.
Lo que dejó Obama a su paso por La Habana fue realmente comején, como ya escribí antes. Sin saber qué hacer para contrarrestar el efecto de su visita, lo único que se le ocurre al régimen es boconear, alardear, amenazar. Lo de siempre: los perros ladran porque tienen miedo.
Después los defensores de la tiranía que se mueven por aquí argumentarán que se trata de “errores”, pretenderán manipular eufemismos para no llamar las cosas por su nombre, o vendrán con que no se dijo exactamente así, sino algo parecido que se ha interpretado fuera de contexto o confundido, como si las conductas comunistas, que dejan muy pequeñas a las fascistas, fueran simplemente errores de apreciación y no acciones concretas y específicas para destruir las libertades de los ciudadanos y la sociedad civil, como se hizo desde el mismo 1959 demoliendo la libertad de prensa y el tejido social y económico de la nación cubana.
El temor a Internet y al libre acceso de los cubanos a información sin censura tiene a los esbirros frenéticos, paranoicos: después de negarse a aceptar la instalación masiva de Wi-Fi en Cuba ofrecida por Google, califican de “subversivo” un evento abierto al público que se realizará en Miami con el objetivo de analizar la posibilidad de facilitar mayor acceso a la red de redes en Cuba, en el que participarán empresarios, periodistas independientes cubanos, emprendedores y ciudadanos en general.
Como parte de la ofensiva contra el sentido común, provocada por el gigantesco temor a que los cubanos conozcan las verdades que el partido comunista se empeña en ocultar desde siempre, las hienas realizan aquelarres contra cualquiera que exprese opiniones diferentes a las oficiales. Y personajillos de tercera categoría, inútiles e ineptos “cuadros profesionales”, actúan con completa impunidad, en un país donde no se respetan las leyes y los derechos de los ciudadanos han sido conculcados hace mucho tiempo.
Crucifican a quienes opinan diferente a mediocres como Randy Alonso, deshonesto y mediocre propagandista disfrazado de periodista y travestido burócrata de inmigración, que entrega o suprime nacionalidades como si fueran onzas de arroz en la libreta de racionamiento (lo de “abastecimientos” es pura falacia).
O exaltan a Aixa Hevia, flamante vicepresidenta primera de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), que propone expulsiones y deportaciones para quienes no comulguen con sus intolerantes criterios, como si en vez de gacetillera en una organización sin prestigio ni personalidad fuera bruja mayor con poderes para suspender primaveras o excomulgar a quienes, para ella, no tienen derecho a la vida o al pensamiento.
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