Hace 18 años, Jorge Mendoza Cruz llegó a Cuba traído por su madre cubana desde España. La idea era presentárselo a su padre, un cubano que tuvo un amorío con la mujer antes de que esta se marchara al país ibérico.
Pero cuando Lázaro Mendoza conoció a Jorge, sus lágrimas corrieron por sus mejillas al ver el estado de su hijo. Más tristeza fue cuando su mamá se fue una mañana y no regresó.
Hoy Lázaro sufre para garantizar la sobrevivencia de Jorge, que ya cuenta con 20 años y no quiere ser reconocido ni por Cuba y por España para lograr una ayuda que pueda suavizar su padecimiento.
“No sabía que tenía un hijo. Cuando lo vi frente a mí, y en esas condiciones, tuve que encerrarme a llorar. Pero más lloré la mañana que descubrí que la madre se había marchado a España, abandonándolo para siempre”.
El hombre ha intentado por años que España reconozca a Jorge como ciudadano, ya que nació en ese país y su madre tiene la nacionalidad española. Pero desde la embajada ibérica en Cuba la respuesta ha sido negativa y aseguran que el joven es cubano y los cuidados debe proporcionarlos el Estado.
“Vino con sus documentos que lo identifican como ciudadano español. Eso no vence. Cómo van a decir que él, que nació y vivió allí más de un año y que su madre hace más de treinta tiene la ciudadanía, no puede ser ciudadano mientras que ellos están nacionalizando a los nietos de españoles en Cuba”,
Por otro lado, Mendoza asegura que el Estado cubano es quien debe garantizarle las atenciones que necesita Jorge, pero la respuesta del régimen fue cobrarle 12 mil CUC por tratamientos de fisioterapia ya que el joven es extranjero.
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Aunque hace varios años el Gobierno accedió a entregarle la ciudadanía nacional, y con ello los derechos correspondientes, ha realizado muy pocas contribuciones a la causa de alguien que lleva veinte años postrado sobre una cama.
Mendoza indica que en ocasiones recibe un paquete de pañales desechables, y un jabón de lavar al mes. Sin embargo no cuenta con ayudas para adquirir medicinas.
“Debe tomar 14 medicamentos al día, pero la mayoría están en falta y como no los puedo obtener por ninguna otra vía, generalmente consume dos o tres”
El efecto de tantos medicamentos sin una dieta a base de frutas, viandas y vegetales, son siete úlceras y una gastritis crónica.
Críticas condiciones
Jorge vive en un cuarto minúsculo, con una sola ventana que no garantiza la iluminación y ventilación que requiere una persona en su condición. El pequeño domicilio, además, presenta múltiples tupiciones en los drenajes sanitarios.
Dos años pasaron desde que le fuera asignada una cama Fowler que todavía no ha recibido, entre otras razones porque el gobierno local del municipio San Miguel del Padrón, donde reside, no cuenta con colchones antiescaras. Ambos, Jorge y su papá, están obligados a dormir en la mima cama.
Mendoza asevera que su hijo no puede, producto de la enfermedad, controlar los esfínteres de manera que “se orina y se hace caca encima de los pedazos de trapo que puedo ponerle como sábanas, gracias a la ayuda de algunos vecinos”.
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A Jorge se le opaca la vida entre restos de sus desechos orgánicos, el calor, las tupiciones albañales, sin la tan prometida cama Fowler (con su respectivo colchón antiescaras), sin una silla de ruedas, sin culeros.
Sus huesos, músculos y tendones se engarrotan más cada día que pasa ante el silencio “diplomático” del país que le vio nacer y la displicencia del país que durante sus casi veinte años de vida ha sido su hogar.
Redacción Cubanos por el Mundo / Con información de CubaNet