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Robándose la corona

Robándose la corona, Mariela Castro Espin
Robándose la corona, Mariela Castro Espin

Hace poco alguien afirmó que Cuba es un calidoscopio de contradicciones, que de un cubano de la Isla puede esperarse el mayor exabrupto y la menos imaginada de las sorpresas. También aseguró que en este país la lógica no existe, sino que impera lo paradójico y lo absurdo, tanto en quienes dirigen la nación como en el último de sus ciudadanos. Esto hace pensar en aquella pintura surrealista del hombre que carga su cabeza, con bombín y todo, entre las manos sobre el pecho.

Y aquel discurso del amigo presentó credenciales el 17 de mayo, día de sendas celebraciones en el país. Día del campesinado y Día de las lesbianas y los gays. Y mire usted si lo antes dicho es cierto que son precisamente los campesinos la clase más homofóbica de nuestra sociedad. Hablarle a un campesino de “mariconadas” es peor que mencionarle a su madre, porque en el gremio de los trabajadores agrícolas es donde más abundan los heterosexuales. Y desde antes del triunfo de la Revolución conmemoran la fecha en homenaje al mártir agrario Niceto Pérez.

Pero resultó que el día internacional de los gay coincide en el calendario con la muy difundida fiesta de la ANAP (Asociación Nacional de Agricultores Pequeños) y nada menos que Mariela Castro Espín, la pequeña vástago del actual presidente de Cuba, ha tomado de la mano a los homosexuales y los exhibe por toda la Isla en multitudinarios mítines y presentaciones, dando un marcha atrás tan rotundo a las ideas de su tío Fidel Castro, que nos deja con la boca abierta.

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Y no es que exista algo en contra de las inclinaciones sexuales de cada individuo. Todo lo contrario. Porque hay que recordar siempre que los campos de las UMAP construidos para castigar a los gays, a los religiosos y a los desafectos en 1965, permanecerán como mancha indeleble en la historia de la Revolución cubana. Fue algo sórdido, terrible, solo comparable con las medidas de Hitler y de Stalin. Como tampoco la historia olvidará las deportaciones masivas de 1980 por Mariel, cuando recogían a los homosexuales hasta en sus casas y los llevaban al puerto y los embutían en cualquier barco que viniera a buscar familiares. Todo ese excremento histórico es cierto y lo deploramos.

Pero, ¿por qué ahora hasta las escuelas primarias serán objeto de clases anti homofóbicas? ¿Qué tienen que aprender de educación sexual los niños en la escuela primaria? Solo falta que abran, paralelamente, novedosos cursos para jineteras y gigolós –magnético atrayente de visitantes foráneos– con vistas a aumentar el arribo de más turistas a Cuba o, disimuladamente, para mejorar el color de nuestra raza humana con sementales blancos.

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Por eso, tampoco es para extrañarse cuando el día 17 de mayo, un sujeto joven, en camiseta y short penetró en la catedral de la ciudad de Camagüey a media mañana con una mochila a cuestas y unas herramientas en las manos. La Catedral permanecía abierta como casi siempre y no tenía personal en la sacristía. Aquel sujeto subió hasta el altar de tres metros de altura donde se encuentra la imagen de Nuestra Señora de la Caridad, destornilló y retiró la corona de su cabeza y la echó en su bolso con naturalidad increíble. Por fortuna la asistente de limpieza del templo descubrió el robo y dio la alarma; el ladrón salió corriendo, pero al cruzar la calle impactó con un vehículo que pasaba y fue lanzado al pavimento. Aún así pretendió escapar, pero a los gritos de auxilio de la moza de limpieza, la población se encargó de capturarlo.

La catedral camagüeyana está a la izquierda del parque Agramonte, en el mismo centro del Casco Histórico de la ciudad. Es un lugar tan céntrico y vinculado al público que siempre hay en sus alrededores gran cantidad de personas. Por lo que es completamente absurdo llevar a cabo un hurto exitoso en ese lugar a esa hora de la mañana. Además, según ha declarado el sacerdote del templo, la corona de la virgen no es de oro, ni de plata, ni siquiera de bronce, sino de una hojalata sencilla, cuyo valor cambiario es prácticamente nulo.

Por ocurrencias tan insensatas como estas y muchísimas otras que no caben en el contenido de un solo artículo, hay que aplaudir la tesis de quien afirma que Cuba es un calidoscopio de contradicciones.

Pedro Armando Junco

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