Dignidad y aristocracia, términos enemigos en la realidad cubana. Entendiendo la aristocracia, no como el sistema político ideado por Platón y Aristóteles, quienes distinguían a la gente por su sabiduría y capacidad intelectual, sino más bien como el sistema cuyo poder político lo ejerce una clase privilegiada, la más pudiente. En el caso de Cuba, se habla de las aristocracias basadas en una sumisión inmoral, deslastrada del amor a su pueblo.
“El sector más encumbrado dentro de la sociedad cubana está conformado por altos oficiales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, el MININT y dirigentes de las instancias intermedias y altas de la burocracia castrista” señala el poeta y abogado, Roberto Jesús Quiñones Haces, en publicación para Cubanet.
Según retrata, las condiciones de vida y de trabajo que esta élite disfruta superan ampliamente a las del pueblo trabajador, que a duras pena puede comer. Tratar de ocupar un cargo partidista o gubernamental resulta atractivo para muchos oportunistas, quienes a falta de estructura moral, descubren su gran capacidad de subordinación a las injusticias oficiales, que pagan bien la obediencia.
“La inmensa mayoría de los cubanos fue educada en el respeto a la austeridad, la igualdad y el odio a la forma de vida no digo burguesa, sino siquiera acomodada. Por eso muchos ciudadanos se alarman al ver que sus magros salarios no les alcanzan para alimentarse sanamente, mientras estas personas viven de una forma que les resulta escandalosa, conforme a los principios de la revolución más justa del planeta, según afirman sus defensores”.
Otras élites aristócratas
A consideración de Quiñones Haces, existen también la aristocracia profesional y la obrera.
La primera, está integrada por los jueces, fiscales y aquellos graduados universitarios que prestan servicios en el Ministerio del Interior (MININT), conforman una parte de nuestra aristocracia profesional.
“Hace algunos años, ante el éxodo de los profesionales de la administración de justicia hacia otras áreas, el Gobierno elevó el salario mensual de jueces y fiscales. Se trata de un salario muy superior al que reciben cientos de miles de profesionales que laboran en otros sectores. A ese beneficio se unen la asidua compra de alimentos, ropa y calzado a precios muy inferiores a los del mercado, la asignación de viviendas y vehículos y disfrutar vacaciones en centros turísticos de primer nivel”, explicó el abogado.
Mientras que la élite de la aristocracia obrera cubana está compuesta por ETECSA (Empresa de Telecomunicaciones de Cuba, S.A.), las tiendas de recaudación de divisas (TRD), la gastronomía, el comercio y el turismo, aunque muchos de sus empleados jamás podrán adquirir un vehículo o una buena casa, como ocurría en las clases privilegiadas antes de la revolución, donde sí había progreso.
“Los puestos de trabajo de estos sectores continúan siendo muy buscados. Razones habrá cuando en algunos de ellos los salarios son muy bajos. Ingresar en el sector turístico puede costar cientos y hasta miles de pesos convertibles. Casi todo aspirante a esas plazas debe pagarlas si quiere ser aceptado, pero la inversión se recupera pues las ganancias resultan fabulosas en comparación con los salarios que se pagan en otros sectores del país”.
El abogado agrega que en el sesenta aniversario del castrismo sus ideólogos casi no hablan de igualdad social, aunque el mensaje que continúan lanzando es bien claro:
“Quien quiera progresar debe cumplir sus reglas y mostrar sumisión absoluta. Gracias a Dios todavía hay cubanos que conocen la belleza de ser dignos”.
Redacción Cubanos Por El Mundo