“Roberto Ramos Mori: eres un misógino y maltratador de mujeres. Jamás te he visto hacerte el guapo con un hombre. Y La Habana entera lo sabe. Y todos los que te apoyen: tus cómplices y me eliminan ya”.
Así escribió en sus redes sociales la activista feminista cubana Mónica Baró en marzo de 2023.

Lo que vino después fue una catarata de testimonios de mujeres que sufrieron abuso psicológico y verbal por parte del tatuador habanero, dueño del Estudio La Marca y la fonda La Cueva del Pirata, dos negocios en el lucrativo centro histórico de La Habana.
La activista por el bienestar animal Beatriz Batista confirmó la violencia del también diseñador, al punto de que lo tuvo que eliminar de sus redes sociales “por comentarios bastantes ofensivos y groseros en mi contra”. Lo calificó como “un ser detestable”.
Ha pasado un año desde que esos testimonios de misoginia salieron a la luz y, sin embargo, ninguna de las entidades del movimiento feminista en Cuba han salido a defender a las mujeres que dicen representar. Ni una cancelación por el Yo sí te creo, ni una denuncia por el Observatorio Cubano de Género.
¿Será que no se cree o no se denuncia cuando el imputado es homosexual y de izquierda? ¿Será que los mismos medios que deberían armar una nota tienen sobre sus redacciones el peso moral de haber ensalzado por años a Ramos Mori, mientras ofendía, difamaba y acosaba a cristianos y conservadores?
Roberto Ramos Mori, mimado por la prensa independiente y el feminismo
Claudina Gómez, otra usuaria de Facebook, recordó cómo la había mandado a callar porque “era blanca y heterosexual” y “no podía opinar sobre ciertos temas porque tenía ´privilegios´”.
Esa retórica neomarxista, que algunas de las ofendidas destilaban también en sus redes hizo que la feminista Masiel Rubio, lo bloqueara, “sí, por violento”. “Yo ya ni me tomo el trabajo de responder ni hacer caso a ninguno del clan”, dijo la mujer.
Se refería al grupo de radicales que gravita entorno a Ramos Mori. Algunos de ellos, como el reportero socialista Maykel González Vivero y los activistas trans Mel Herrera y Kiriam Gutiérrez fueron punta de lanza en la promoción de la ideología de género propuesta por el castrismo en la legislación a partir de la Constitución de 2019.
En ese contexto, que enfrentó a la ciudadanía liderada por las más grandes iglesias evangélicas contra la élite castrista y grupos izquierdistas que se identificaba como independientes, Ramos Mori era mimado por la prensa no estatal.
La web El Toque, lo describía en 2022 como alguien asiduo a “eventos de colaboradores de elTOQUE, llenando de dibujos una libretica que le acaban de regalar; en la calle San Lázaro, al frente de una pequeña caravana ciclística que va ondeando banderas de arcoíris por la ciudad; en Instagram, usando un pulóver con el texto «pájaro» enmarcado en un rectángulo también de arcoíris; en Telegram, recaudando fondos para imprimir calcomanías por un Código de las Familias «incluSÍvo»”.
El activismo feminista lo adoraba. Lo atestiguaron Sandra Heidl, del blog Negra Cubana Tenía que Ser: “En mi cuerpo llevo dos tatuajes de Robertico… Así que puedes imaginar, querida Monica, lo revuelta que me pone este asunto. Roberto sabe que es violento. Me consta que se le ha dicho. Esa alusión constante que hace al cuerpo y a la inteligencia de una es muy heavy”.
La feminista mujer confesó que la última vez que supo de él, antes de bloquearlo, fue en un debate sobre “privilegios, hegemonía blanca, de colonialidad y otros temas afines”. En ese momento lo bloqueó. “Me revictimizó tanto que mi primera y única reacción fue bloquearlo. Y sabrás que yo no tengo para nada la piel fina. Ahora que estuve en Cuba no fui a La Marca porque no quería topármelo”.
Heidl reconoció que por años las personas lo bloquean constantemente, porque “está en juego nuestra integridad psicológica y emocional. Que sea pájaro no le da derecho ni razón alguna para violentar a las personas. Lo maricón no le quita lo misógino ni tampoco lo racista”.
¿Encubrimiento de la violencia entre activistas LGBT?
Sam Olazábal, otra feminista, testimonió que ella también lleva un tatuaje suyo, en el centro del pecho, del mismo artista que consideraba culpable de “violencia machista”.
Entre las últimas interacciones que tuve con Ramos Mori, contó, hubo una bien violenta. “Estaba saliendo de una situación emocional compleja, que él conocía, y luego de tiempo sin aparecer pasé por el Pirata un rato. Ahí, delante de una mesa llena de conocidos, pasó a decirme bien alto que si ya estaba cansada de ´dar pena ajena´, yo le dije (intentando no ceder al ataque y responder) que cuándo él se iba a cansar de andar hablando de mí, y él me dijo ´ de ti no, de tus maridos´, haciendo alusión a mi relación de ese momento, con una persona que padece de trastorno bipolar”.
Olazábal consideró que no solo fue un ataque hacia ella, sino un comentario “violento y discriminatorio hacia una persona neurodivergente”.
En shock emocional, la joven sintió que el activista Lgbt Maykel González Vivero se dio cuenta e intentó calmarla, diciéndole que no le hiciera caso, que él era así, una frase que ella confiesa haber oído infinidad de veces.
¿Reveló esta historia el encubrimiento y justificación de la violencia psicológica hacia mujeres entre el activismo Lgbt?
Olazábal contó que la misoginia de Ramos Mori es posible identificarla a través de frases como que su encono es con “las mujeres ´con bollo´” o que es “bollofóbico”.
¿Antecedentes que nadie vio?
El reportero independiente Mauricio Mendoza narró una historia reveladora sobre el carácter de Ramos Mori: “después del 11J en la noche coincidimos en una casa a donde yo fui a refugiarme y a escribir la nota de lo que había ocurrido. Era un día tenso, y él empezó a decirme gusano y mercenario”.
Mendoza contó que, con una mano lo agarró por el cuello y lo pegó contra una pared, y ahí alguien intercedió “para salvarle el pescuezo y porque hay momentos donde uno se piensa las cosas y gana la lástima”.
Para el periodista, “todo su accionar, es por ganar protagonismo. Para mí a él le da lo mismo los animales, las luchas LGBTI -aunque sea gay- lxs trans, los skater. Lo de él es ser centro.”
Sin embargo, salta la pregunta ¿nadie se dio cuenta de lo repugnante que era el tatuador cuando agredía desde 2018 a los cristianos cubanos? Él, signatario de #AcciónLGBTIQba, en aquel momento posteó la imagen de un templo incendiado junto a la etiqueta #LaIglesiaQueMejorIluminaEsLaQueArde.
Asimismo, incitó a agredir a los creyentes de manera aún más directa en enero de 2019, cuando llamó a uno de sus seguidores a “contestarles en las calles”. “Acá [en FB] es más blablabla y chuchuchú…..y es por gfusto (sic)!”, posteó. “No tienes iglesia en tu pueblo? –instó a su seguidor Ramos Mori- Pues pa arriba de esos hijos de puta!”.

Entre las respuestas a su propio post añadió, comparando a los creyentes con enfermedades de transmisión sexual: “Pues mejor antes que después! Prevención, como con las ITS. Un condón desde yá, pá que sepan que no tenemos miedo, los muy singaos!”
Ramos Mori y otros activistas lideraron un continuo acoso digital contra el líder evangélico Sandy Cancino y otros creyentes durante los debates constitucionales.
El comunismo y el lobby LGTBI se unen contra la libertad educativa en Cubahttps://t.co/WNCSqHGG9m— Actuall (@actuallcom) August 1, 2019
Tampoco hubo críticas desde el activismo Lgbt o feminista cuando se burló de los presos de conciencia Ramón Rigal y Adya Expósito, pastores arrancados de la compañía de sus hijos menores de edad por practicar educación en el hogar, y negarse a que fueran adoctrinados en el sistema socialista de enseñanza.


Fiel a su interés por las peores causas, Ramos Mori ahora es un acérrimo anti-israelí, y comparte obsesivamente en sus perfiles de redes sociales informaciones sobre Gaza. Ahora la izquierda cubana lo ha desechado pero, ¿qué nuevos monstruos creará?
Redacción Cubanos por el Mundo